miércoles, 12 de marzo de 2014

Despedida y cierre

Cuando, hace unos años, comencé a escribir la serie de opiniones, chascarrillos, poemas y demás escritos que componen este blog, no podía imaginar que llegaría a tener tantos lectores. Es cierto que, en ese mar inmenso, a menudo pestilente y siempre inabarcable que es internet, los tres o cuatro mil lectores habituales de La Antorcha Negra constituyen poco menos que una gota. Sin embargo, siempre he creído que la calidad es más importante que la cantidad (por eso soy antidemócrata, entre otras cosas).
Estoy convencido de que estos pocos miles de seguidores, capaces de terminarse un artículo, una reflexión o cualquier otro "antorchazo" son más útiles a la sociedad que los inmensos rebaños que siguen las mongoladas de las diversas chonis, analfaprogres o periodistas lamelibranquios y políticamente correctos de turno. Y no por la discutible calidad de mis escritos, sino por ser gente, en general, irreverente con esta mediocridad institucionalizada llamada democracia parlamentaria. Españoles rebeldes que se carcajean conmigo del envaramiento solemne con el que los diversos sanedrines y covachas del poder establecido imparten su doctrina farisaica. Que no respetan los tabúes de ese dogma inquisitorial que constituye el Pensamiento Único Políticamente Correcto, hipócrita catecismo del Nuevo Orden Mundial. Que no reniegan de su Historia, de su Patria, ni de su Raza. Que se pasan por el forro las tergiversaciones, memorias histéricas y holocuentos con los que la progredumbre de derechas e izquierdas lobotomiza a la opinión pública.
Quiero agradecer a todos ellos la atención que han prestado a esta antorcha que hoy se apaga.
Y es que ha llegado el momento de dejar el navío a merced de las olas, como una ardiente barca funeraria vikinga. Al menos tengo la satisfacción de apagar la vieja Antorcha Negra en el momento que yo decido y no en el que disponga algún gallardón-inquisidor lameculos del Pueblo Elegido, del pepesoe o de la mafia cocougetera.
Prefiero que este blog tenga un punto final todavía digno y mantenga su vocación tocapelotas en una despedida brusca, a que languidezca convirtiéndose en una desganada y rutinaria fotocopia de sí mismo. Cuando faltan los ánimos, las ganas y la alegría de escribir, lo mejor es dejar la pluma en barbecho una temporada.
Pero que nadie eche las campanas al vuelo antes de tiempo: aunque recojo los arreos, armas e impedimenta de la bloguería andante y los guardo en su virtual arcón, pienso seguir dando la brasa desde ese mentidero cacofónico que llaman Feisbuq, y desde el resto de redes, plataformas y martingalas que el diablo discurre y los judíos controlan. Como saben los que me conocen, tengo la desagradable costumbre de no dar mi fascista brazo a torcer. Si alguien tiene el capricho de verme de rodillas, al menos debe tomarse antes la molestia de partirme las piernas. Es lo que hay.
Quiero despedirme con mi más efusivo y sincero corte de mangas para todos los demócratas, progres de las diversas ganaderías, peperos de las diversas cochiqueras, separatistas hijos de mil padres (valga la redundancia), banqueros, antifascistas, pedófilos y demás fauna fusilable.
Y de mis camaradas con el saludo más noble y antiguo del viejo solar europeo, extendiendo mi brazo derecho y gritando
¡¡ ARRIBA ESPAÑA!!

martes, 28 de enero de 2014

Blas Piñar. La brillantez frente a la escoria.

Ha muerto Blas Piñar. Los que iniciamos nuestra lucha política al principio de esta Edad Oscura que los estúpidos, los traidores y los cursis llamaron "ejemplar Transición", estamos un poco más huérfanos. No es el momento de entrar en tediosos y estériles análisis y debates sobre los matices de su visión política. Blas Piñar, para los españoles de mi generación, fue, por encima de todo, el ejemplo de que la política no tenía por qué ser el monipodio mezquino de engaños y sucios intereses en que la habían convertido los demócratas. Con él aprendimos que hay otra política hecha de conceptos que un liberal o un marxista jamás comprenderían: Honor, Lealtad, Valentía, Justicia, Amor a la Patria y a su Historia. 

Cuando, a pesar de las trucadas y farisaicas leyes electorales, consiguió ser el único parlamentario patriota de la Historia reciente, su oratoria asombró y deslumbró incluso a sus enemigos. Los discursos parlamentarios de Blas Piñar eran fogonazos de brillantez, erudición y magnífica oratoria frente a la gris, gregaria y anodina jerga parlamentaria de los burócratas apesebrados de la incipiente cleptocracia. Con un par de referencias históricas era capaz de desmontar cualquiera de los argumentos postizos que, a base de coletillas y frases hechas, farfullaban los calientaescaños  de derecha e izquierda. 
La mejor prueba de su singular talla política es la saña y bajeza con la que sus enemigos lo atacaban. Incapaces por su cobardía congénita de hacer frente en la calle a sus seguidores, los demócratas empleaban, entonces como ahora, la mentira, la calumnia y el control de la prensa para intentar silenciar la voz que ponía en evidencia sus manejos y sus engaños.
Desgraciadamente, por numerosas razones que hoy no es el momento de analizar, la mediocridad y la vileza de la corrupta monarquía parlamentaria se acabaron imponiendo sobre la alternativa patriota. De momento.
Porque hoy, casi cuarenta años después de la instauración de este régimen inicuo, estamos comprobando dolorosamente que, cuando nos advertía sobre las consecuencias que la partitocracia tendría para España, Blas Piñar tenía razón.   
    

domingo, 19 de enero de 2014

Romance del moro vergonzante.

Un abogado morito,
moro de la morería,
Bien oiréis lo que decía:

Llamar moro a un moro es malo
y queda un poco racista
que cuando me llaman moro
me parten el alma mía.