jueves, 15 de marzo de 2007

Progresismo y religión





Es curioso observar cómo, de un tiempo a esta parte, proliferan los ataques a la religión católica sin que los presuntos defensores de las "libertades" y del respeto a la opinión ajena, muevan ni un músculo de sus pétreos rostros.

Los mismos "progres" que habitualmente reclaman respeto para las costumbres islámicas (total sumisión de las mujeres, guerra santa, etc) y admiran la "espiritualidad oriental" del budismo y afines, muestran en cambio su rabia más fanática y su fobia más visceral cuando se trata de atacar al cristianismo (Leo Basi quemando un crucifijo o "consagrando" un preservativo, exposición pornográfica antirreligiosa de la Junta de Extremadura, Carod Rovira burlándose de la corona de espinas, etc...).

Cuando se trata de atacar a la Iglesia está permitido todo: el insulto más soez, la procacidad más indecente, la calumnia más insidiosa...todo queda amparado por la "libertad de expresión". En cambio, cuando esa libertad de expresión es utilizada por los católicos para defender sus posiciones, es calificada, paradójicamente, como intolerancia. Todos recordamos el caso del eurodiputado católico que osó protestar contra el llamado "matrimonio homosexual". Fue, inmediatamnete, descalificado e incluso sancionado y acusado de "homófobo" (estúpido neologismo para designar a los que no se someten a los caprichos del lobby homosexual). No es difícil ver en estas hipócritas actuaciones la larga mano de la masonería.

Es inevitable preguntarse qué ocurriría si los cristianos actuasen ante estos ataques de la misma forma que lo hacen los musulmanes cuando consideran que se ofende al islam. Qué ocurriría si en lugar de poner la otra mejilla, los cristianos empuñasen por una vez el látigo para arrojar a los mercaderes del templo.