domingo, 15 de abril de 2007

Comunismo y partitocracia liberal


Es triste comprobar cómo la manipulación marxista de la Historia es alegremente aceptada y aplaudida por la derecha más giliberal.

Recientemente hemos visto una escena que si no fuera obscena sería divertida: la más conocida exponente del conservadurismo liberal y tecnocrático alabando al Partido Comunista y calificándolo como "la mejor izquierda de la historia de España" o algo así. Si Calvo Sotelo (no Leopoldo sino José) levantara la cabeza y viera a sus herederos políticos alabando a sus asesinos posiblemente se volvería a morir de un ataque de risa histérica.

Y es que se cumplían treinta años desde que un ex-Secretario General del Movimiento de ética flexible, legalizara al Partido Comunista de España. Lo que en un país serio hubiero sido calificado de traición a la memoria de los miles de víctimas del comunismo o de simple estupidez política, aquí se aplaudió bobaliconamente por los "demócratas de toda la vida" que estaban sustituyendo la ubre ya agotada del franquismo por la mucho más suculenta de la partitocracia liberal.

Me pregunto cómo explicarán los libros de Historia de dentro de, pongamos, doscientos años, la siguiente foto: Dos personajes. Uno de ellos, el rey borbón nombrado heredero por el primer estadista que venció al comunismo en el campo de batalla. El otro, un genocida estalinista, derrotado por el antecesor del anterior. Ambos se abrazan y se ríen. A un hipotético periodista de ese hipotético futuro, seguro que se le pasarían por la cabeza varios pies de foto: "Traición", "Componenda", "Vergüenza", etc... Sin embargo, al revisar las hemerotecas de los periódicos de la época, verá que los pies de foto son muy distintos: "Reconciliación", "Normalización democrática" y cosas así. Todo un reto para la historiografía futura.

Tan complicado como intentar buscar una explicación racional al hecho de que se califique a los comunistas, exponentes de una ideología responsable de cien millones de asesinatos en el siglo XX, como adalides de la democracia liberal y santos laicos de la Sagrada Transición. O a que los defensores más ardientes de este sinsentido sean los superdemócratas de la derecha giliberal, ansiosos por hacerse perdonar no se sabe qué pecados por los sumos sacerdotes de la progresía más babosa.

Y en medio de todo este enjuague, el inevitable reportaje en la televisión pública con las imágenes "históricas" de las sanguinarias momias del Frente Popular regresando de su dorado exilio soviético, aplaudidas no sólo por sus secuaces, sino por lo más granado de la oligarquía post-franquista. Si no fuera vomitivo, sería para descojonarse.