jueves, 26 de abril de 2007

SGAE y Cultura



Hoy me he tropezado en Internet con un anuncio de aspecto institucional que, a primera vista, me ha llamado gratamente la atención. La frase decía: "Defiende tu cultura". "Vaya, -me he dicho- parece que se van dando cuenta de que esto de la sociedad multicultural es un camelo". Mi alegría ha durado poco: Resulta que era un anuncio de la SGAE contra la piratería.

Siempre he pensado que la peor piratería es el impuesto revolucionario que nos obligan a pagar cada vez que compramos un CD virgen (aunque lo vayamos a utilizar para guardar las fotos de las vacaciones). Pero claro, Teddy Bautista, Ramoncín y los demás intelectuales insignes tienen que vivir de algo. Yo, cada vez que compro un CD grabable, le juro por lo más sagrado al vendedor que no lo voy a utilizar para bajarme de Internet canciones de Ana Belén y Víctor Manuel, pero nada, ni por ésas. "¿Quién me dice a mí - me replica el vendedor- que no vas a bajarte obras maestras del cine español contemporáneo?" . De nada me sirve recordarle que a la mayoría de los directores de cine ya les pago con mis impuestos a través de las subvenciones del Ministerio de Cultura.

No falla: Cuanto más plúmbea es una película, más subvención recibe. Los requisitos para ser subvencionados son mínimos, a saber: que muestre la versión marxista de la guerra civil o postguerra, que ataque de alguna forma a la religión (a la católica, claro, porque la musulmana es intocable, no digamos la judía), que salga algún maricón, drogadicto o similar. Si además la película es en catalán o vascuence, miel sobre hojuelas. Lo de menos es que luego no vaya a verla casi nadie. Pero, claro, es que hay que defender nuestra cultura.

Por cierto, ¿os imagináis qué hubieran opinado los santones de la alianza de civilizaciones de lo de "Defiende tu cultura" si estuviera firmado por otros?

El problema es que, al hablar de cultura, muchos pensamos en Cervantes, Quevedo, Unamuno, Pío Baroja o Eugenio D´Ors, mientras que estos progres subvencionados piensan en Santiago Segura y el Gran Wyoming y, claro, así no hay quien se entienda.