miércoles, 20 de junio de 2007

Los últimos toisones


La Orden del Toisón de Oro es una orden civil y de caballería fundada en 1429 por el duque de Borgoña y conde de Flandes Felipe II de Borgoña para celebrar su matrimonio con la princesa portuguesa Isabel de Avís.

Cuando los franceses tomaron Borgoña en 1477, la única hija de Carlos el Temerario supo mantenerse firme en sus Estados norteños, los Países Bajos. Casada luego con Maximiliano de Austria, vinculó aquellas tierras a la ascendente Casa de Austria, y enseguida a la Corona española, por el matrimonio del archiduque Felipe el Hermoso, Duque de Borgoña -el nieto de Carlos el Temerario- con la Infanta Doña Juana de Castilla y de Aragón.

Parece ser, y el propio emblema de la Orden contribuye a tal suposición, que estuvo inspirada en la mitológica leyenda de Jasón y el vellocino de oro.

La orden –confirmada por el papa Eugenio IV en 1433- nació para defender a la religión católica.

En la época del César Carlos, recibieron la Orden del Toisón personajes tan ilustres como Andrea Doria, representantes de la casa de Farnesio o el Duque de Alba.

No deja de ser curioso y, por otra parte, sintomático de la secular estupidez y malevolencia borbónicas, que los últimos toisones se hayan concedido al rey de Arabia Saudí - la dinastía más corrupta de Oriente Próximo y promotora del integrismo y terrorismo islámicos -, y a un ex Secretario General del Movimiento perjuro -como el propio borbón- entre cuyos méritos están la legalización del Partido Comunista con el regreso a España de varios de los más sanguinarios genocidas de la Guerra Civil, el establecimiento de las autonomías, origen del actual proceso de disgregación nacional, y la imposición de la partitocracia que padecemos.

En tiempos del César Carlos, esta banda de traidorzuelos, soplagaitas y tiralevitas que actualmente decide a quién se concede el Toisón, estaría ejércitándose en el saludable ejercicio del remo a bordo de las galeras imperiales.