jueves, 18 de octubre de 2007

Ciencia y corrección política



El eminente científico James Watson, codescubridor de la doble hélice de ADN y Premio Nobel de Medicina, constata que la inteligencia de los negros es menor que la de los blancos. Esta afirmación, tan obvia y desprovista de contenido político como asegurar que los esquimales son de menor estatura que los daneses o que los chinos tienen los ojos más rasgados que los europeos, ha levantado, sin embargo, las indignadas protestas del habitual sanedrín progresista, abanderado del igualitarismo por decreto.

A la piara políticamente correcta le aterra cualquier atisbo de diversidad en su mundo-matrix de mestizos sin raíces. A pesar de alardear de tolerancia y libertad de expresión, no tienen inconveniente en clausurar librerías cuando los libros que en ellas se venden no coinciden con el pensamiento único. Que tenga cuidado el científico norteamericano porque como caiga en manos del liberalismo tolerante y moderado puede acabar en una jaula como Ezra Pound. A veces, es peligroso demostrar lo obvio. Y es que la ciencia no entiende de corrección política.