martes, 19 de febrero de 2008

Secesión de Kosovo. La infamia.


Resulta especialmente indignante comprobar cómo los intereses yanquis prevalecen sobre la soberanía de las naciones europeas. Desde que los tiranos sionistas de uno y otro signo se repartieron el mundo en Yalta, la más desvergonzada arbitrariedad ha regido los destinos del planeta. Estos despropósitos históricos han sido, como no podía ser de otra manera, fuentes inagotables de conflictos: la creación artificial del Estado asesino de Israel ha convertido Palestina en un conflicto interminable y sangriento; la hipócrita descolonización de África hizo que los africanos pasasen de ser colonias y protectorados europeos en los que, con todos sus fallos y abusos, al menos la población comía, a ser carne de cañón para las industrias armamentísticas capitalistas y soviéticas y pasto de caciques nativos corruptos.

El penúltimo episodio de esta serie de abusos fue el vergonzoso bombardeo de la OTAN sobre Serbia en 1999 con el beneplácito de los gobiernos títeres en la Unión Europea. Los medios afines al nuevo orden mundial crearon el adecuado clima de opinión tergiversando los hechos y haciendo ver que Milósevic se negaba a sacar el ejército de la provincia serbia de Kosovo, cuando en realidad el gobierno de Belgrado pedía a gritos la mediación de la ONU y no de la OTAN. El Parlamento serbio había aceptado que la ONU se hiciera cargo de la situación, pero en alguna logia de las que detentan el auténtico poder de decisión, el futuro de la provincia serbia ya estaba decidido. Al final, el bombardeo destrozó la economía serbia, agudizó el conflicto, provocando masacres entre la población civil y aumentando el número de muertos y desplazados.

La reciente secesión de Kosovo no es más que la lógica conclusión de toda esta serie de cobardías y traiciones y una demostración sangrante de quién detenta el auténtico poder en el mundo. De nada sirve constatar el hecho de que la presencia serbia en Kosovo se remonte a mucho antes del siglo XIV, cuando el Estado serbio alcanzó su máxima extensión dominando Macedonia y Albania. En 1389, el ejército turco derrotó a los serbios en la batalla de Kosovo. La resistencia serbia se mantuvo hasta 1459, fecha en que los turcos invadieron Smederevo, al este de Belgrado, estableciendo su hegemonía en Serbia. Entre los siglos XVI y XVII, el imperio otomano realizó una auténtica limpieza étnica en la zona desplazando a grandes masas de población musulmana a Kosovo. Éste es el origen de la mayoría albanesa en la provincia. Tras multitud de revueltas y años de lucha contra el invasor musulman, hasta 1867 no se expulsó definitivamente a los turcos de Serbia, bajo el Gobierno de Miguel Obrenovic.

De nada les ha servido a los serbios su lucha de siglos. Al final, se ha consumado la infamia. Los españoles, que también luchamos durante siglos contra el Islam, que también padecemos el cáncer separatista, que también sufrimos la invasión de culturas contrarias, deberíamos tomar buena nota de lo que nos espera si no ponemos coto a estos problemas.