domingo, 9 de marzo de 2008

El nuevo Frente Popular

A la hora de redactar estas líneas, se perfila ya como inevitable la victoria socialista en las Elecciones Generales. Para los que pensamos que la partitocracia es una simple engañifa de los auténticos poderes fácticos para mantener entretenido al pueblo, o que la llamada democracia no es más que una sobrevaloración de la estadística (Borges dixit), el dato no revestiría la mayor importancia. Se trataría de una nueva escenificación por parte de los demócratas para hacer ver lo bueno que es este sistema que nos permite elegir entre la Coca y la Pepsi.

Sin embargo, cuando se repara en la calaña moral de Zapatero y sus secuaces, capaces de manipular con la mayor desvergüenza el asesinato de uno de los suyos con fines electorales; cuando se recuerda que los ahora vencedores son los que han rearmado al terrorismo separatista y han reabierto las heridas de la Guerra Civil con su revanchista y rencorosa Ley de Memoria Histérica; cuando se tiene en cuenta que estos individuos son los que atacan con la mayor saña a nuestra Historia y a nuestra Religión y adoctrinan a nuestros estudiantes en sus repugnantes teorías, o cuando vemos que son los responsables del criminal por separatista Estatuto de Cataluña, la cosa cambia.

Ante la perspectiva de otros cuatro años de invasión inmigrante descontrolada, de auge de los separatismos, de corrupción generalizada y de perversión moral, creo que merece la pena reflexionar. Otros cuatro años de impuesto revolucionario de la SGAE para enriquecer a los bufones de guardia de la progresía, o de que el referente moral de nuestra juventud sean los orgasmos sodomitas de Zerolo, requieren un instante de reflexión sobre si merece la pena seguir respetando unas reglas de juego hipócritas y tramposas.

Ha llegado la hora de plantearse la alternativa a los melindres liberales y a los complejos de una derecha mojigata y estúpida. Lo que ha triunfado en estas elecciones no es un partido más: es una nueva versión del Frente Popular. El socialismo ha triunfado gracias a la concentración de los votos de toda la Antiespaña: separatistas, marxistas y masones que, con los nuevos collares de la corrección política no dejan de ser los mismos perros rabiosos de siempre.

A partir de ahora, la política debe dejar de ser un afeminado juego de teatro entre grupos de presión económica. Ahora está en juego la existencia misma de España. Ante la lucha histórica por la supervivencia de España como Nación, quizá sea hora de que callen los politicastros profesionales y hablen los puños y las pistolas.