viernes, 31 de octubre de 2008

Halloween, la Reina y la corrección política.


Como cada año, la solemnidad del Día de Todos los Santos, será convertida por la habitual recua de horteras e imbéciles en ese carnaval anglocabrón y ridículo que llaman Halloween y que debería llamarse Giliween en honor a sus practicantes. El españolito constitucional y laico, en vez de llevar a sus hijos a visitar la tumba de sus abuelos, prefiere que éstos se disfracen de mamarrachos y sustituyan la oración por los difuntos con prácticas más cívicas y modernas como, por ejemplo, arrojar huevos a los transeúntes. En este día, el imbécil de Parla o del Barrio de Salamanca se siente hermanado con los soplapollas de Boston o Connecticut. Gilipollas sin fronteras.

Pero incluso en las gilipolleces hay categorías. Acabo de leer que en Puyallup, Washington, no se va a celebrar el desfile de Halloween porque las autoridades creen que puede ofender a los practicantes de la religión Wiccan. (Agencia AFP). Resulta que la tal "religión" Wiccan es una secta satánica que, bajo pretexto de rescatar las antiguas prácticas de la religión de las brujas, fue fundada por un tal Gerald Gardner en los años cincuenta. La gilipollez grande se impone a la pequeña. El poder de las brujas.

En España, ese poder de veto no lo tienen las brujas sino los bujarras. Ha sido de traca el revuelo que ha armado el lobby progre-gay a cuento de las declaraciones de la Reina sobre las uniones de homosexuales. Es curioso que los mismos periodistas y periodistos que se callaron como trabajadoras del sexo cuando el monarca dijo aquello de que "hablando se entiende la gente" refiriéndose a las negociaciones con los separatistas, los mismos que mantienen un devoto silencio sobre la pasividad de la Corona ante la persecución a nuestra lengua común, se rasguen las primorosas vestiduras por las palabras de la Reina diciendo que no se puede llamar matrimonio a lo que no lo es. Ante el monumental guiri-gay, la casa Real ha tenido que envainársela y decir que donde dije digo quise decir diego. Aquí nadie se inmuta cuando se queman banderas de España o cuando se proclama que Orejilla del Sordete, pongamos por caso, es una nación. Pero a los mariquitas que no nos los cabreen. El poder de la estupidez, ahora llamada corrección política.