miércoles, 19 de noviembre de 2008

20-N entre salivazos y prohibiciones.


"(...) es necesario que mientras cada golpe del enemigo sea horrendo y cobarde, cada acción nuestra sea la afirmación de un valor y una moral superiores."
Oración por los Caídos de la Falange.

Cada año, una vuelta de tuerca más. Ya no nos dejan rezar en la tumba de nuestro Fundador. Con el silencio vergonzante de la Santa Madre Iglesia, se ha negado la entrada a un lugar de culto a unos católicos que iban a depositar una corona de flores en el sepulcro de José Antonio. - ¿No decían que en España hay libertad religiosa?-. Con la pasividad cómplice de los presuntos defensores de la legalidad vigente, se ha negado a los falangistas el derecho a manifestar su duelo - ¿No decían que en España hay libertad política?- . Con la anuencia sumisa de la Guardia Civil, se ha maltratado y detenido a unos falangistas por usar sus símbolos.- ¿No decían que en España hay libertad de expresión?-. La campaña de provocaciones e insultos de los últimos días contra la Falange ha dejado claro, además de la vileza y cobardía de nuestros enemigos, el hecho de que hoy, en España, la libertad religiosa la disfrutan los musulmanes que nos invaden antes que los católicos. La libertad política que se preserva con más celo es la de los partidos separatistas y antiespañoles. La única libertad de expresión que se respeta es la del insulto a España y a su Historia. Es más importante la memoria de cualquier criminal marxista ajusticiado tras la Guerra Civil que la del Fundador de la Falange.

No importa.

Esta estrategia de la provocación obedece a un propósito político bien definido en alguna logia garzonesca: se quiere ilegalizar a todos los grupos falangistas y patriotas. Los socialistas, separatistas y demás basura saben muy bien cuál es el enemigo a batir. Saben que la presunta oposición pepera está presa de sus complejos y cobardía y no constituye realmente un obstáculo serio. Que la derecha sólo reacciona cuando se amenaza su bolsillo. Que la Falange ya les venció una vez y les volvería a vencer en un combate cara a cara. Por eso utilizan la estrategia del insulto y el salivazo.

Si algún falangista cediese a su justa indignación y le diera su merecido, por ejemplo, a alguna de las sabandijas televisivas que han hecho escarnio y mofa de nuestros muertos, las mismas autoridades que han negociado con los etarras se apresurarían a aplicarle la Ley Antiterrorista.

Aún no es el momento de entrar al trapo. Dejemos que desempolven su repertorio de amenazas, prohibiciones y provocación. Si la Falange supo aguantar las checas, la persecución y el tiro por la espalda, también sabrá aguantar este diluvio de basura. Si estos deshechos humanos se toman tantas molestias en insultarnos, calumniarnos y perseguirnos, es que estamos en la senda correcta. Lo realmente preocupante sería el aplauso de esta escoria.