miércoles, 5 de noviembre de 2008

Obama y el entusiasmo progre.


Al final todo salió según lo previsto: con un oponente septuagenario que exhibía como mayor mérito el haber perdido la Guerra de Vietnam, con el apoyo de la banca judía que jamás apuesta por un caballo perdedor y con un avasallador dominio en los medios de comunicación, ganó Obama.
Al ver el entusiasmo de nuestra progresía por la victoria del mulato en las elecciones yanquis, cualquiera diría que, en realidad, Obama es Zetapé con la cara tiznada. Así nos lo han intentado hacer creer en los últimos meses los numerosos estómagos agradecidos de nuestro periodismo en esta versión progre de "Bienvenido Mr. Marshall" en que se ha convertido la interminable crónica de las elecciones americanas.
El progre español de a pie, paleto de por sí, se ha creído que Obama es una especie de Che Guevara con exceso de bronceado que va a acabar con la hegemonía yanqui en el mundo. El que antes se manifestaba contra las bases americanas en nuestro suelo, ya no tiene ningún problema para disfrazar a sus retoños de mamarrachos por Halloween. No hay que tener complejos. También Javier Solana se manifestaba contra las bases y acabó masacrando civiles serbios al mando de la OTAN. Dentro de poco veremos a nuestros rojetes celebrando el Día de Acción de Gracias.
Hoy por hoy es imposible convencer a estos forofos de que, independientemente de que Obama sea negro, fucsia o amarillo, trabajará, como es su obligación, para que su país siga siendo el amo del mundo. Es la política española y no la gringa la que realmente es una merienda de negros.