jueves, 27 de noviembre de 2008

XXX Aniversario de la Constitución. Pornografía parlamentaria.

La triple X que resulta de poner en números romanos el treinta aniversario de la Constitución de 1978 le da un cierto aire pornográfico al evento que concuerda con su obscena naturaleza.
Durante estos treinta años, periodistas, tertulianos, políticos y hasta curas, nos han recordado machaconamente que la llamada Transición española fue una cosa que dejó boquiabierto al mundo mundial por haberse realizado sin violencia y haber propiciado la "reconciliación de los españoles".
Como diría Jack el Destripador, vayamos por partes: lo de que se hizo sin derramamiento de sangre es mucho decir si tenemos en cuenta las numerosas víctimas del terrorismo de la ETA, FRAP y GRAPO, así como el asesinato, aún sin esclarecer, de Juan Ignacio González, Jefe Nacional de un partido político legal. Pero, en fin, como era fascista, pues lo obviamos.
Otro de los mitos recurrentes hasta la naúsea es la presunta "contribución" del genocida Carrillo y el chaquetero Fraga a la " transición pacífica". Cualquiera podría pensar que España en 1975 se encontraba al borde de un estallido revolucionario y que los antedichos demócratas de toda la vida (un criminal de guerra estalinista y un ex-ministro de Franco) se hubieran jugado el tipo para contener a las masas sedientas de sangre.
Vamos a ver: la oposición al Régimen de Franco en 1975 era numéricamente testimonial. En la izquierda, sólo el Partido Comunista tenía algo de actividad gracias a la generosa financiación soviética y a la infiltración que había practicado durante años en la Iglesia, que, con personajes tan siniestros como el cardenal Tarancón, acabó mordiendo la mano que le daba de comer. Los socialistas ni existían. En la época del famoso congreso de Suresnes, su militancia en toda España no alcanzaba los dos mil ejemplares.
En cuanto a la derecha, que, desde el advenimiento opusino de los tecnócratas a finales de los cincuenta, había copado los puestos dirigentes del Régimen, se preparaba para cualquier transformación camaleónica que le permitiera seguir gozando del poder económico viniera quien viniera.
No nos engañemos: el antifranquismo que se apresuraron a exhibir todos los oportunistas de la nueva hornada de políticos profesionales, fue un invento de la prensa después de la muerte de Franco.
El Régimen de Franco cayó por la traición de sus beneficiarios y sucesores (¿qué podía esperarse de un borbón?) antes que por la presunta oposición de unas masas proletarias oprimidas que, en esa época, acababan de estrenar coche y apartamento en la playa a base de trabajar como negros. Y que lo único que pedían al futuro es que continuase la pazzzzz de la que habían disfrutado las últimas décadas. Este acojonamiento gregario es el que aprovecharon hábilmente los diversos mercachifles de la partitocracia para vender su burra coja.
Cuando contemplamos el panorama político español en la actualidad (separatismo, corrupción, crisis, revanchismo guerracivilista, invasión inmigrante...etc), parece una burla macabra celebrar el aniversario pornográfico (XXX) de la Ley Suprema que fundamenta y justifica este patio de Monipodio.