viernes, 23 de enero de 2009

Inmigración e hipocresía políticamente correcta.

Un reciente informe de la Fundación de Cajas de Ahorro, revela que en los últimos años, el 60% de los empleos de baja cualificación han sido acaparados por inmigrantes. Esto quiere decir que los trabajadores españoles con menos nivel de preparación, es decir, los más débiles económicamente, son los que más sufren la lacra de la inmigración.
Y no sólo en el plano laboral: la degradación de la Sanidad y la Educación o el aumento de la delincuencia son las otras consecuencias de la inmigración que afectan a los barrios obreros de forma más pronunciada que a otras zonas. Y sin embargo, la izquierda, que siempre ha utilizado como propaganda política la presunta defensa del obrero, mira para otro lado ante esta realidad. La derecha giliberal, por su parte, adopta con gusto el papel de defensora de la inmigración para congraciarse precisamente con la nueva burguesía inquisitorial progre.
La postura de la derecha tiene su lógica. Al fin y al cabo, la receta que proponen los diversos tertulianos y demás oráculos neoliberales para combatir la crisis, pasa por la precarización del mercado laboral (ellos lo llaman "flexibilización"). Un factor determinante en dicha precarización es la existencia de la mano de obra barata que proporciona la actual superpoblación de inmigrantes dispuestos a desempeñar cualquier trabajo a cambio de salarios de miseria. El sueño de cualquier liberal.
Lo que se entiende menos es la postura de la izquierda e incluso de la extrema izquierda que, en lugar de asumir sin complejos la defensa de los trabajadores españoles, intenta (y, en muchos casos, consigue) hacer comulgar a éstos con las ruedas de molino de la multiculturalidad y demás pamemas.
Nos preguntamos qué pensará el peón que ha perdido su puesto de trabajo porque hay un inmigrante dispuesto a desempeñarlo por la mitad de salario, a la hora de pagar el recibo de afiliado del habitual sindicato subvencionado defensor de la "integración" de los inmigrantes.
O el padre de familia obrera que ve que su hija no puede salir a la calle a determinadas horas por miedo a que un moro o un latin-king pueda violarla, a la hora de ir a la reunión de Izquierda Unida, para defender la "tolerancia" y combatir la "xenofobia".
O el joven padre al que le han denegado una beca de comedor para dársela a un panchito cuando escucha a los políticos a los que ha votado anatemizar como "racista" a todo el que no pase por el aro de su demagogia sensiblera.
O el enfermo crónico que soporta interminables listas de espera en la sobrecargada Sanidad Pública, o el niño de barrio que tiene que pagar a la habitual banda sudamericana o rumana por utilizar los columpios en un parque público, o el jubilado que soporta el ruido y las peleas de sus nuevos y exóticos vecinos...cuando vean a los sonrientes políticos de uno y otro signo defendiendo lo "necesario" de la inmigración desde sus urbanizaciones con seguridad privada.