sábado, 7 de febrero de 2009

Banca privada: vampiros económicos.

Produce una mezcla de asco e indignación contemplar la actitud chulesca de los banqueros cuando se les reprocha que, tras esquilmar las arcas públicas a través de su títere gubernamental de turno, no concedan créditos a las pymes y a los particulares.
Hace unos días el Presidente de la Patronal Bancaria nos decía sin sonrojarse que no conceden créditos porque la gente no los pide. Más recientemente, Botín ha tenido la jeta de decir que "haría un flaco favor" a la economía española si concediera créditos sin las debidas garantías. Estos tiparracos son los mismos que hasta hace poco concedían hipotecas por el 120% del valor de tasación. Esta panda de usureros mafiosos son los mismos que han condonado créditos millonarios a diversos partidos políticos a cambio de favores como rebajar la presión fiscal a los altos ejecutivos bancarios. Esta gentuza es la que mantiene paralizada a la economía española. La que controla los medios de comunicación. La que tiene paniaguados a los políticos.

La Banca privada es a la economía productiva lo que el parásito al organismo sano. El liberalismo ha convertido en normal el disparate de que, en lugar de ser el crédito un medio al servicio de la producción, sean la producción y todo el aparato económico un medio para que ganen dinero los banqueros. Desde que los judíos inventaron la usura, se ha venido produciendo este sinsentido que, periódicamente, ha sido causa de guerras y revoluciones que, al final, no han servido de nada porque los dueños del dinero, en lugar de ser los trabajadores y empresarios, son la casta parásita de los banqueros.

Al final, estos vampiros económicos, mediante el acaparamiento de una riqueza que no han producido, se han ido haciendo con todos los resortes del poder político, convirtiendo a los gobiernos demoliberales de cualquier signo en simples marionetas a su servicio. Las elecciones de las partitocracias liberales son una farsa obscena y un engaño para el pueblo. Estos vampiros han conseguido históricamente paralizar, comprar o vencer a cualquiera capaz de clavarles una estaca en el corazón nacionalizando el servicio de crédito y haciendo que vuelva a ser un instrumento al servicio de la economía productiva. Necesitamos un Van Helsing. Hay que desparasitar España.