viernes, 6 de marzo de 2009

Castigo ejemplar a un furtivo.

No hace mucho, se publicó la noticia de la condena a un año de cárcel impuesta a un cazador furtivo por matar dos conejos sin permiso. Se trataba de un desempleado que cazaba para subsistir. Esto ocurría en el mismo país en que bandas de delincuentes como los Latin King son consideradas asociaciones culturales o donde estafadores con regias amistades como los Albertos gozan de impunidad. Cosas de la legislación democrática.
Ahora hemos sabido de otra condena ejemplar relacionada con la caza. El exministro Bermejo, que dimitió por asistir a cacerías con jueces prevaricadores, fiscalas sumisas y policías teledirigidos, ha sido condenado a la astronómica cifra de dos mil euros de multa por cazar en Andalucía sin licencia. Lo más chusco del asunto ha sido la intervención del funcionario taifal del ramo diciendo que han sido especialmente duros por la reincidencia. Que, en lugar de los seiscientos euros que ponen "a todo el mundo" (sic), al ministro caciquil le han caído dos mil. "Que quede claro que, aunque es de los nuestros, - vino a decir el autonómico burócrata- nuestro pulso no tiembla al castigar las infracciones ¿eh?".
Qué ecuánimes son estos sociatas del cortijo. Así da gusto: sin favoritismos. No importa que el pobre ministro tenga que vender su casa para poder hacer frente a la exagerada multa. Quizá su esposa se vea obligada a ejercer la prostitución para poder pagar la deuda de su marido con la justicia. Quizá haya que vender al prodigioso chucho políglota del que hace poco se vanagloriaba. Nada, nada. El que la hace la paga. Para eso estamos en un Estado de Derecho. ¿O no?