martes, 24 de marzo de 2009

Corrupción, mentiras y mujeres públicas.


El Patio de Monipodio partitocrático está más alborotado que de costumbre a raíz de la chaconesca decisión de abandonar Kosovo sin avisar. Ante el mosqueo de los socios otaneros, la zapaterina hueste farfulla confusas excusas para no seguir encabronando al mulato patrón (algún progre pensó que con Obama el Imperio U.$.A. se iba a convertir en una merienda de negros).

Frente a las críticas, la Ministra de Defensa echa mano de un recurso ya habitual entre nuestras mujeres públicas (las de la política, no las de puticlub de alterne). El recurso, muy socorrido, consiste en acusar de machista cualquier crítica a su gestión. Da igual que padezcamos el analfabetismo de la Ministra de Fomento, el sectarismo progre de la Ministra de Igual Da o la desagradable mendacidad de la Vicepresi. Cualquier crítica a estas chorbas es anatemizada como machista. No es un recurso exclusivo del mujerío sociata. También las peperas blanden la escoba del machismo cuando alguien se cachondea de las fotos de Soraya en camisón o se extraña de que Ana Mato no se enterara de que su maromo tenía un Jaguar de oscura procedencia en el garaje.

Entretanto, la presunta oposición pepera se debate entre la crítica y la disculpa de sus propias vergüenzas. Entre los trajes de Camps, el citado Jaguar y la fortuna del Tesorero del Pepé, está quedando de manifiesto que la tramoya del trinque no entiende de colores ni de partidos. El tinglado de Correa y compañía no tiene nada que envidiar a los más espectaculares montajes de la Cosa Nostra sociata con sus filesas y hermanísimos.

Parece como si con la crisis, a nuestra casta cleptocrática le hubiera entrado un súbito prurito afanador y, al grito de maricón el último, todos quisieran aplicar literalmente la vieja máxima de "Coge el dinero y corre". Tras dar la parte del león a sus señoritos (el 5% de nuestro PIB se lo han llevado crudo los mismos banqueros que con su codicia desmedida provocaron la crisis), los capataces también van metiendo mano a la caja. "Corren tiempos difíciles y nadie sabe cómo va a acabar esto - parecen pensar los padres de la Patria-. Así que mejor pillamos lo que podamos y al que venga detrás que le vayan dando."

Incluso la tradicional omertá respecto a la financiación de los grandes partidos mediante la corrupción urbanística parece quebrarse al hilo del general desconcierto. Ya hay varios alcaldes de distinto pelaje empapelados por su excesivo amor al urbanismo recalificador. Como sigan por esa senda, aquí va a pasar por el banquillo hasta el apuntador. Menos mal que siempre hay jueces maleables que con una instrucción a la garzonesca manera harán que, tras las elecciones europeas, todo quede en agua de borrajas. Y es que con Garzón nunca se sabe dónde empieza el juez chapuza y dónde acaba el propagandista zapaterino. Pasa como con su última foto tropical: queda la duda de si se ha fotografiado con un simio selvático o con algún pariente enano de la Vicepresidenta.