miércoles, 13 de mayo de 2009

Internet, la censura y el miedo.


Cuando internet se convirtió en un medio de masas, los distintos lobbys que controlan los medios de comunicación a nivel mundial vieron peligrar su hegemonía. Hasta ese momento, bastaba con controlar la docena de grandes grupos de comunicación y las grandes productoras cinematográficas para que cierta visión del mundo (superficial, maniqueísta y alienante) se impusiera como única verdad. Sin embargo, con internet como tribuna de libre acceso, empezaba a ser difícil ocultar ciertos acontecimientos incómodos como, por ejemplo, la última masacre sionista en Gaza (casualmente, la mayoría de grupos de comunicación y productoras citados están en manos hebreas).
A pesar de que el peso de la televisión (fácilmente controlable) sigue siendo incomparablemente mayor que el de internet (más difícil de controlar) a la hora de influir en la opinión pública, los diversos lobbys y "think tanks" empiezan a contemplar el escenario de un mundo sin monopolios informativos. Y ese escenario les aterra. Todo el tinglado de intereses inconfesables y explotación que constituye el entramado del actual statu quo, empezaría a quedar al descubierto.
Sólo hay que imaginarse un telediario en el que la noticia de portada fuese la apertura de la última factoría de Nike en Indonesia detallando que la media de edad de sus trabajadores es de 11 años con un sueldo de 1 euro diario. A continuación, podría deleitarse a la audiencia con el detalle pormenorizado de los sueldos, dietas y prebendas de los parlamentarios comparándolos con el trabajo que realizan. O con el monto de subvenciones comunitarias que perciben "agricultores" como las Koplowitz o la Duquesa de Alba.
No es de extrañar que, ante la imposibilidad (por ahora) de controlar totalmente las opiniones en internet, se recurra a la represión pura y simple. Lo que no consiga la ignorancia lo debe conseguir el miedo. Ya empieza a ser normal que se considere delito cualquier investigación histórica sobre el manido holocausto judío que no coincida con la verdad oficial. El tentáculo de la censura llega, vía judicial, hasta internet. Así, la Audiencia de Barcelona ha sido pionera en perseguir los delitos de opinión en la red. A raíz de esto, en numerosos foros de internet se advertía a los usuarios sobre el peligro que supone expresar ciertas opiniones en los mismos. El mensaje venía a ser: ten cuidado, el Gran Hermano te vigila también aquí.