sábado, 9 de mayo de 2009

"Últimos testigos". Payasos patéticos.


A lo largo de la historia del espectáculo, la fórmula de la pareja cómica ha sido uno de los recursos más utilizados para provocar la carcajada del espectador. La contraposición de dos tipos opuestos es el resorte que, por contraste, suele provocar la hilaridad. Así, en el circo clásico, era habitual contemplar la figura del "augusto" (el payaso listo) frente a la del "clown" (el payaso tonto).
Con la aparición del cine, esta fórmula se populariza aún más. Hay algunas parejas cómicas que se han convertido en referencias indispensables cuando se habla de dúos humorísticos: Laurel y Hardy, Abbott y Costello o, en el ámbito nacional, Tip y Coll, Pajares y Esteso, Martes y Trece o Faemino y Cansado.
Los ingredientes que no pueden faltar son, por un lado, una cierta contraposición de caracteres (el tonto y el listo, el gordo y el flaco, el tímido y el desvergonzado...), y, por otro, cierto sentimentalismo que provoque la simpatía del espectador.
Estos ingredientes son los que faltan en el doble documental auspiciado por la Academia de Cine y Propaganda y presentado en el Festival de Cine de Málaga. Con el título de "Últimos testigos", se ha perpetrado un espectáculo bufo que, pese a lo grotesco de los personajes, maldita la gracia que tiene. Por la elección de sus protagonistas, es inevitable recordar aquel western de Sergio Leone titulado "El bueno, el feo y el malo". Aquí falta el bueno, pero uno de ellos es especialmente malo y los dos son bastante feos.
Aunque, bien mirado, podrían llegar a tener cierta vis cómica, hoy día no es suficiente presentar a dos ancianos patéticos contando disparates y mentiras para provocar la risa del respetable. Uno de ellos, Manuel Fraga, ha basado siempre su comicidad, al igual que Mariano Ozores, en su charla ininteligible. Es un recurso que ya cansa al público, igual que sus exhibiciones playeras o sus caracterizaciones de "gentleman" inglés. Otro error del director ha sido elegir como compañero del anterior a un conocido criminal de guerra. Aunque en España siempre nos ha gustado el humor negro, es decir, con cierto toque siniestro, poner de pareja cómica a uno de los mayores asesinos de nuestra Guerra Civil, ha sido un detalle de mal gusto.
Es ya un tópico decir que, cuando una película de terror no está conseguida, lo que provoca en el espectador es risa, mientras que, a veces, una película cómica fallida, llega a ser siniestra. La originalidad de "Últimos testigos" es que, en lugar de miedo o risa, lo que provoca, como gran parte de nuestra producción cinematográfica reciente, es asco y aburrimiento.