viernes, 5 de junio de 2009

Mulatos, morisma y pajines mentales.

Los que pensábamos que la mezcla de malevolencia, incultura y cursilería del discurso progre era un producto Made in Spain, patentado por la banda zapaterina, hemos de reconocer nuestro error: en todas partes cuecen habas. Hasta el sacralizado mulato de Chicago es capaz de evacuar unas valoraciones "históricas" que emitidas por Pepiño, por Maleni o por Bibiana hubieran resultado previsibles, pero que en boca de todo un Presidente U$A con estudios, provocan el estupor.
El considerar la invasión sarracena de España como el colmo de la tolerancia y la cultura frente a los malvados y fanáticos cristianos que tenían la desfachatez de querer expulsar al invasor, es un lugar común propio de barbudos intelectualoides ochenteros o de guarretes "antifas", macerados en décadas de adoctrinamiento e ignorancia, pero provoca la vergüenza ajena cuando procede del mandatario de la superpotencia mundial, alguien que, a falta de cultura general, debería al menos contar con asesores históricos mínimamente solventes. A Bush, por lo menos, se lo veía venir: olía a subnormal cateto a kilómetros. Él mismo decía que el único libro que había leído en su vida era la Biblia. El mulato, a tenor de sus últimos rebuznos, parece que lo único que ha leído es el Corán. No sé que es peor.
La nota chusca en este sainete procede, como era de esperar, del aquelarre de la cuota zapatera. Leire Pajín, investida como gran sacerdotisa del sacrosanto progresismo, nos conmina a los simples mortales a que nos postremos ante la conjunción planetaria que hace que dos césares progresistas, dos alejandros del rojerío, dos hércules de la ilustración, iluminen desde ambas orillas del Atlántico los destinos del mundo. Oh, venturosa época la que contemplará tamaño prodigio.
Para mear y no echar gota.