lunes, 20 de julio de 2009

Payasadas y política. Moratinos en Gibraltar.


Dicen que en Italia, un conocido payaso se va a presentar a las elecciones presidenciales. No es el primero. En Francia, en la década de los ochenta ya hubo un candidato payaso, Coluche, del que recuerdo que aparecía en las fotos con un plumero de vistosos colores metido por el culo (¿un Zerolo avant la lettre?). En la partitocracia liberal, la política y la payasada siempre han ido de la mano. En España, además del monarca, siempre ha habido presencia payasesca en la vida pública. Ahí tenemos, sin ir más lejos, a Milikito, convertido en preboste de una de las numerosas teles zapateriles.
Es inevitable, hablando de payasos, no nombrar a Moratinos. La última actuación bufa del grotesco personaje tendrá lugar mañana en la zona de ocupación británica de España, donde el payaso oficial del zapaterismo hará una vez más el ridículo y volverá a dejar la dignidad nacional por los suelos.
Para encontrar un antecedente histórico de la forma de gobernar de Zetapé y sus secuaces, hay que remontarse a la tiranía más decadente de la época de Fernando VII o a la vileza institucionalizada de la siniestra Segunda República. Ambas épocas son una muestra palpable de la iniquidad más abyecta poniendo en un caso a España al servicio de Napoleón, (al que el antepasado de nuestro actual monarca felicitaba por sus victorias) y, en otro, intentando convertir a España en una colonia soviética. Ambas felonías fueron evitadas , dicho sea de paso, por el pueblo español alzado en armas. Pues bien, en ninguna de estas épocas vergonzosas había visitado Gibraltar un ministro español. La actual chusma zapateril supera en villanía a sus bisabuelos ideológicos.
Viendo los resultados de estos aficionados a payaso, quizá sea buena idea que la política sea gestionada por payasos profesionales, porque esta recua, la verdad, tiene la gracia en el mismo sitio donde Coluche se ponía el plumero.