domingo, 16 de agosto de 2009

La Chacón y los transexuales: El espectáculo debe continuar.


En los últimos años, gran parte de la opinión pública española se ha estado preguntando por la causa de la decadencia de nuestro Ejército.
En lo referente a la moral, hechos recientes como el castigo a unos soldados por poner una bandera española en territorio nacional (monte Gorbea) para acallar las protestas de la jauría peneuvera, o las sanciones a los escasos militares que han osado protestar por la alta traición que supone el estatuto catalán, habían levantado la sospecha de que nuestro Estado Mayor estuviera empezando a confundir la obediencia debida con el exceso de adulación a la banda zapaterina.
En el terreno del equipamiento, también se había empezado a criticar que los soldados españoles que actúan en el exterior como tropas auxiliares de los amos yanquis, no contasen con las medidas de protección adecuada en sus vehículos.
Afortunadamente, la Ministra de Defensa ha hallado la solución para los males que afligen a nuestras Fuerzas Armadas: la incorporación de transexuales. Por fin se da respuesta a una clamorosa demanda de la sociedad española. En los últimos meses, en todas las conversaciones de nuestros bares, peluquerías y chiringuitos playeros, el tema estrella no ha sido la anecdótica crisis económica ni la lesión de Rafa Nadal, sino el hecho de que todavía no hubiera ningún transexual en el Estado Mayor de la Defensa.
Es sabido que en todos los Ejércitos de las principales potencias, abundan los transexuales, travestorros y reinonas varias. No hay marine americano que se precie que no incluya en su equipo de campaña unos zapatos de plataforma de "drag queen" ni miembro de la Legión Extranjera francesa que carezca de su par reglamentario de pestañas postizas. Estos son los detalles que convierten a un Ejército moderno en garante del prestigio de un país y no, como creen algunos retrógrados, el armamento adecuado, la buena organización o el sentido de la dignidad nacional.
Con esta inteligente iniciativa, Carmen Chacón silencia las malintecionadas críticas que afirmaban que no tenía ni guarra de cómo dirigir el Ministerio de Defensa. Crítica doblemente injusta por cuanto tampoco en los demás Ministerios hay ningún titular competente y nadie dice nada.
Además, con esta decisión se soluciona de una vez por todas la falta de personal que padece nuestro Ejército desde que Aznar se cargó el Servicio Militar. Esta escasez de voluntarios había sido paliada hasta ahora con la incorporación de panchitos que, en cuanto tienen sus papeles en regla, olvidan el ardor guerrero por defender a la Madre Patria y se incorporan a la vida civil para enriquecer a la sociedad española con más multiculturalismo integrador. A partir de ahora, las interminables colas que se formarán en los banderines de enganche instalados en todas las covachas, tugurios y clubs "de ambiente" nutrirán sobradamente las filas de nuestras Divisiones. Quizá no tengamos el Ejército más poderoso del mundo, pero no hay duda de que vamos camino de tener el más animado, vocinglero y multicolor.