martes, 11 de agosto de 2009

Leire Pajín. El precio de una mujer pública.


Desde hace unos años, en la España de portería y mesa camilla, ha cuajado un estereotipo de triunfadora social que, en líneas generales, responde al modelo de pilingui analfabeta que, tras mantener relaciones sexuales, reales o fingidas, con algún maromo famoso, semifamoso o famosete, obtiene pingües beneficios al relatar con pelos y señales los detalles de dicha relación en los diversos y abundantes programas de la telebasura nacional. Con la admiración y envidia de toda nuestra cabaña de marujas y chonis, las teleputillas triunfan y van de plató en plató con alegría y desenfado.
Al final, lo mismo aparecen en una pasarela de moda de tercera regional que como pregoneras en las fiestas de Villatruños de la Moscarda.
Había, sin embargo, en este circuito del famoseo cutre, un estigma de discriminación que la nueva cultura zapaterina ha advertido con su sensibilidad progresista: casi todas las tordas aludidas, que constituyen el modelo a seguir por nuestra juventud femenina, son, salvo raras excepciones, bastante potables. La que más y la que menos, tiene su revolcón. Esto constituye un permanente agravio y una fuente de frustración para aquellas de nuestras jóvenes y adolescentes a las que la naturaleza no ha dotado de belleza. Para las focas, vamos.
Se hacía urgente proponer un nuevo modelo de triunfadora social.
De la misma forma que el zapaterismo acabó con la secular frustración de los paletos ágrafos al hacer Ministro a Pepiño y con la de las tontas del culo al hacer lo propio con la Aído, se ha propuesto acabar con la discriminación de las focas sebosas y bordes a través de la promoción de la Pajín.
Esta ejemplo vivo de la nueva sociedad progrefeminista zapateresca y bolivariana, pone de relieve que ya no es necesario ser guapa, ni culta, ni siquiera simpática, para ser una de las chorbas que más dinero se embolsan del erario. Según se ha publicado, el disfrutar de la presencia atocinada de esta musa del progresismo en nuestra vida pública, nos cuesta a los españoles una pasta gansa. Con los diversos sueldos, prebendas y trinques varios, la Pajín gana más que el propio Zetapé (92.000 euros anuales) o que el más mamón de los Presidentes de taifas (Montilla: 164.000 euros anuales).
Con 598 euros diarios (¿Crisis?, ¿Qué crisis?), la jamona del zapaterismo se pone a la altura de estrellas del balompié o de supermodelos de pasarela. Y eso sin ser guapa, ni agradable y sin saber jugar al fútbol.
Esto es progresismo y lo demás son tonterías.