viernes, 16 de octubre de 2009

Ejército español: carne de cañón para el amo yanqui.


A los pocos días de la muerte de otro soldado español en la guerra de Afganistán, la noticia más jaleada por la prensa ha sido la foto de Zetapé rindiendo pleitesía al Gran Padre Mulato (esta vez sin acompañamiento gótico-festivo). Luego se ha ido a hacer el ridículo por Oriente Próximo, viaje en el que no podía faltar la obligada visita al Parque Temático del Holocausto, kipá incluida. Después se supone que va a visitar a las tropas españolas que hacen en el Líbano labores de policía gratis para el Pueblo Elegido.

Parece que la opinión pública española tiene asumido el papel de fuerza cipaya de los intereses USA al que los políticos han reducido a nuestro Ejército. Toda la progresía vocinglera y casposa que protestaba por la sumisión de Aznar ante Bush, es la misma que festeja las genuflexiones zapateriles ante Obama. La misma fauna subvencionada que hacía coloristas y carnavalescas manifestaciones contra la Guerra de Irak, guarda un respetuoso silencio sobre nuestra participación en la invasión y ocupación de Afganistán, donde ya han caído 88 soldados españoles.

Es posible que el garrulo de a pie todavía se crea las monsergas oficiales sobre misiones humanitarias y demás lugares comunes repetidos ad nauseam por los periodistas del pesebre, pero a nadie con un mínimo de sentido común se le escapa que la invasión de Afganistán fue un acto de prepotencia y soberbia norteamericana en venganza por los atentados de las Torres Gemelas. Con el manido cuento sobre implantar la democracia, los americanos pretendían imponer un gobierno títere y corrupto como han venido haciendo cada vez que les ha interesado dominar un país. Lo que pasa es que la criada les ha salido respondona. Los afganos, que ya derrotaron a los imperios británico y soviético, están plantando cara al norteamericano. Y nuestras tropas, que estaban allí para llevarles el botijo a los marines, son las que están pagando las consecuencias.

Mientras vemos como en España se cuestiona y se ataca con impunidad nuestra integridad territorial y se queman banderas nacionales sin que el Ejército se inmute, es inevitable preguntarse qué se nos ha perdido en Afganistán.