martes, 26 de enero de 2010

El "salvamento" de las obras del Museo del Prado.


Ya se ha convertido en una costumbre que, cuando el gobierno zapaterino es pillado en alguno de sus ya innumerables marrones, aparezca Zetapé escenificando algún aquelarre guerracivilista que, por una parte, sirve para darle carnaza a la jauría de extrema izquierda que le sustenta y, por otra, constituye una excelente cortina de humo para tapar alguno de sus últimos escándalos.
Lo más chusco es que a veces consigue que el cotolengo pepero le secunde en alguna de sus manipulaciones históricas. Así, de paso, los peperos pueden ejercer de moderados y de leal oposición y hacerse perdonar la vida una vez más por la inquisición rojiprogre. Al final todos contentos.
Ante la vergüenza ya inexcusable de los chivatazos a la ETA, la última ocurrencia del Mr. Bean revanchista ha sido homenajear a los funcionarios que "salvaron" los cuadros del Museo del Prado durante la Guerra Civil.
Vamos a ver: Durante la contienda, la zona dominada por el Frente Popular se caracterizó, además de por las masacres contra los enemigos políticos del régimen prosoviético, por un pillaje generalizado. Monasterios, iglesias, palacios, depósitos bancarios y patrimonios familiares fueron las víctimas de este saqueo. La creación de la llamada Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico institucionalizó este latrocinio del que participaron sindicatos, partidos políticos , municipios y cualquier institución que hubiese sido bendecida como "antifascista". Otra institución frentepopulista, la Caja General de Reparaciones, se dedicaba, por su parte, a la incautación de joyas y objetos artísticos para su conversión en dinero. Es en este contexto donde hay que encuadrar la "salvación" de los cuadros del Museo del Prado para, teóricamente, protegerlos de los bombardeos.
Curiosamente, no utilizaron para dicha protección las cámaras de seguridad del Banco de España (ya vacías tras la "salvación" del oro que le regalaron a Stalin) que, a más de treinta metros de profundidad, constituían un refugio totalmente seguro frente a las bombas de la época. En lugar de eso, prefirieron arriesgar la integridad de piezas irreeemplazables de nuestro patrimonio artístico haciéndolas circular mal embaladas en camiones del Ejército por carreteras en deplorable estado. Un ejemplo del peligro que se hizo correr a los cuadros lo testimonia el daño irrecuperable que sufrió la Carga de los Mamelucos de Goya a causa del vuelco de un camión.
Y es que los cuadros del Museo del Prado fueron trasladados como garantía de los préstamos que el gobierno del Frente Popular necesitaba y también como botín que financiase el exilio. Por eso, a la llegada de los cuadros a Cataluña, el Gobierno traspasa las competencias sobre los mismos desde el Ministerio de Instrucción Pública al de Hacienda, convirtiéndolos en moneda de cambio. Tan sólo el azar histórico y una excelente labor diplomática evitaron que los cuadros corriesen la misma suerte que los tesoros del yate Vita y pudiesen ser devueltos a España.
Pues bien, ahora, por obra y gracia de la propaganda zapateresca, este expolio frustrado se ha convertido en objeto de homenaje, bobaliconamente aplaudido por toda nuestra cabaña de políticos bienpensantes. Total, qué más da. Igual dentro de poco vemos a los cuadros volver a viajar a Cataluña para satisfacer alguna exigencia de la Esquerra. Igual que se llevaron el Archivo de Salamanca, lo mismo hay algún gerifalte separatista al que se le antoja la Maja Desnuda ya que, como todo el mundo sabe, Goya era aragonés, es decir, súbdito de la corona de Cataluña según la nueva ortodoxia histórica. Será por disparates...