sábado, 16 de enero de 2010

Los borbones, los altares y el careto de Llamazares.

Hay veces que hojear el periódico es mejor que leer un tebeo de risa. Estos periodistas son la leche. Resulta que las inocentadas que no dieron el pasado 28 de diciembre en forma de noticias falsas o estrambóticas las dan ahora.¡Esa era la inocentada! Qué cachondos. Pues no van y dicen que Zetapé, masón y anticatólico como él solo, cuya máxima preocupación es prohibir los crucifijos en las escuelas y fomentar el aborto, va a acudir a un desayuno de oración organizado por un grupo católico americano. Eso sí que es surrealismo aplicado al humor periodístico ¡Zetapé rezando! Venga ya, hombre.
Paso la página y veo otra inocentada. Según dicen, alguno de los múltiples servicios de espionaje yanquis ha utilizado el poco agraciado careto de Gaspar Llamazares para hacer un retrato robot de Bin Laden. Y es que tanta Alianza de Civilizaciones y tanta morisma sólo podía acabar así, induciendo a error a nuestros amos yanquis, que ya no saben si España es una república islámica, un resto fosilizado de la Unión Soviética o una casa de putas y, al final, acaban confundiendo a un matasanos comunista con un terrorista islámico. Ya empezaron a hacerse un lío con lo de las hijas de Zetapé disfrazadas de Morticia Adams en su visita a Washington. Debieron de pensar que las túnicas eran chilabas o algo así. Al final han debido deducir alguna relación de nuestro rojerío con la Yihad y ha pagado el pato la cara del liquidador de Izquierda Unida.
Hasta aquí, la verdad es que se trata de inocentadas con cierta gracia. Lo malo es cuando a los bromistas se les va la mano y caen en el mal gusto o en el humor negro. Porque la tercera inocentada bordea lo grotesco. Dicen que un millonario menorquín ha dejado gran parte de su fortuna a la nutrida y costosa parentela borbónica. Varios millones de euros. Idear inocentadas como ésa en una nación con cinco millones de parados es algo decididamente obsceno. Y además no hay quien se lo crea: no puede haber nadie tan estúpido, tan cruel o tan malvado para hacer una cosa así.