jueves, 7 de enero de 2010

Se acabaron los problemas: España preside la eurocracia.

La Profecía se ha cumplido. La conjunción planetaria anunciada por la masturbatoria hechicera progre se ha hecho realidad. En el lejano Occidente, un líder achocolatado gobierna el Imperio mientras, en la vieja Europa, el Mister Bean de la progresía rige los destinos de las colonias. Aleluya.
Zetapé y sus secuaces van a tener, por fin, la oportunidad de ilustrar a sus congéneres de la cleptocracia europea sobre la manera de superar la crisis. Podrán instruirlos en la perspicaz estrategia de subir los impuestos a las pequeñas empresas mientras se regala dinero público a los banqueros. O en que la mejor manera de mantener la "paz social" no es otra que llenar los bolsillos de los "sindicalistas" en nómina. Y que para dar una buena imagen no hay nada mejor que subvencionar a una nutrida tropa de actores mediocres, cantantes burocratizados y periodistas de chafarrinón. Y no hay que olvidar destinar dinero público a las lesbianas y maricones de Zimbawue, cuya situación, como todo el mundo sabe, constituye la principal preocupación de los trabajadores españoles.
En el terreno cultural, también los zapaterinos pueden presumir de originalidad. Para preservar la cultura europea, lo mejor es regalar terreno a los moros para que construyan mezquitas mientras se prohíben los crucifijos en las escuelas. Total, si dentro de nada vamos a tener a varios millones de turcos circulando por Europa como Pedro por su casa, lo mejor es que nos vayamos acostrumbrando a turbantes, burkas y demás aditamentos morunos.
En el aspecto demográfico, Zetapé mostrará a los demás euromangantes que la mejor política para evitar el envejecimiento de la población europea pasa por fomentar el aborto, incluso entre las menores de edad, mientras se prodigan todo tipo de ayudas, becas de comedor y demás bicocas a panchitos, negritos, moritos y demás fauna extracomunitaria.
En política militar también podemos dar lecciones. Incluso el monarca, con su media lengua, ha alabado en el discurso de la Pascua Militar lo acertado de que nuestros soldados arrieguen sus vidas en países en los que nada se nos ha perdido para llevar el botijo a los marines de San Obama.
En fin, como de costumbre, para mear y no echar gota.