viernes, 26 de febrero de 2010

Esto sólo lo arreglamos...mandándolos a la mierda.

Por fin se ha encontrado la manera de acabar con la crisis. Que nadie piense que los culpables de la crisis son los banqueros rapaces, los constructores sin escrúpulos o los políticos corruptos. No, nada de eso. Los culpables de la crisis somos los españoles por tener una actitud negativa y pesimista. Por eso, un sagaz experto en marketing ha hallado la solución: lo mejor es esconder la cabeza debajo del ala y fingir que aquí no pasa nada. ¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Por lo visto, el listillo en cuestión le ha vendido la moto a una Cámara de Comercio o chiringuito similar, donde otros espabilados han montado una web a medio camino entre "We are the world" y "To er mundo é güeno". Una entusiasta piara de progres, pijos, nuevos ricos, paniaguados del gobierno, teleputillas y pícaros a secas, además de una extensa variedad de gilipollas, se han apresurado a participar en el invento. Qué gente más buena, oye. Y es que el objetivo de la campaña es cambiar la actitud pesimista de los españoles ante la crisis gracias a los testimonios "desinteresados" de esta fauna.
Estamos seguros de que cuando un padre de familia en paro escuche al cocinero millonario, al jeta de los libros "ninja" o al actor enriquecido a base de subvenciones decir que esto no es para tanto, se va a sentir muy reconfortado y apoyado.
Quizá cuando un pijo "emprendedor" explique que para salir de la crisis lo mejor es aparcar el Ferrari y utilizar sólo el Porsche, que gasta menos, los jóvenes explotados por las etetés cambien su actitud pesimista.
Es de esperar que el camarero español despedido porque su jefe descubrió que sale más barato contratar a un panchito, abandone su actitud negativa cuando algún comerciante chino nos ilustre sobre lo fácil que es obtener exenciones fiscales.
El pesimismo de la pareja española que va a perder su casa por no poder pagar la hipoteca seguro que se ve mitigado cuando algún gitano nos cuente lo barato que le sale el piso que le ha regalado la Administración corrupta de turno. Qué bonita es la solidaridad.
Es curioso que, a pesar de tanto almíbar y de tanto buen rollito, no logre descartar la idea de que esta gentuza hipócrita nos toma por imbéciles. Será que soy un pesimista.