martes, 9 de marzo de 2010

Justicia y libertad de expre...¿qué?


Cuando alguno de los políticos corruptos (valga la redundancia) que pululan por los entresijos de los frecuentes procesos judiciales por cohecho y prevaricación manifiesta su sagrado respeto por la Administración de Justicia, da la impresión de que nuestra casta judicial está formada por una élite de sabios ecuánimes, cultos y honrados cuyas decisiones están dictadas por la neutralidad más acrisolada.
Sin embargo, cuando vemos que se encarcela a un librero, Pedro Varela, por el grave delito de vender libros que no son del agrado de cierta poderosa minoría, algún malpensado podría llegar a intuir cierto tufillo de sectarismo. Si publicar libros sobre un período histórico concreto es calificado, con la estridencia farisaica y escandalosa característica de ciertos mercaderes del victimismo, como "difusión de ideas genocidas" se supone que todos los libros sobre marxismo, la ideología que propugna la "dictadura del proletariado", es decir, el exterminio completo de una clase social, deberían ser proscritos de inmediato. O aquellos que hablen de la sanguinaria Revolución Francesa, origen del liberalismo. Como sabemos que esto no será así, el malpensado podría sospechar la existencia de una hipócrita Ley del Embudo.
Cuando una de las razones que aduce la jueza para condenar al librero es que el acusado es una persona con mucha cultura, el malpensado podría llegar a imaginar que la togada se burla del reo y de los lectores de su sentencia. O que, en el fondo, es una admiradora del régimen de Pol Pot, en el cual el hecho de saber leer y escribir podía ser un delito castigado con la pena capital.
Cuando se constata que Pedro Varela, que no ha matado a nadie, ni ha traficado con drogas, ni ha robado ni violado, va a ser encarcelado durante más de dos años, mientras un capo de la mafia o un asesino como el Rafita son liberados por nuestros jueces, el malpensado podría llegar incluso a convencerse de que algunos miembros de la cabaña judicial son unos hijos de la gran puta al servicio de la inquisición sionista. Menos mal que aquí no somos malpensados, faltaría más.