jueves, 1 de abril de 2010

Jesús Neira y el traje nuevo del Emperador.

Al oir el alboroto que ha producido en el hediondo gallinero de lo políticamente correcto el libro publicado por Jesús Neira, "España sin democracia", y leer las indignadas reseñas que los paniaguados habituales dedican al mismo, es inevitable acordarse del genial cuento de Hans Christian Andersen "El traje nuevo del Emperador". El profesor Neira, al igual que el niño del cuento, dice en voz alta lo que todo el mundo calla por miedo a ser descalificado por los bribones que han montado la estafa. A saber: El monumental y sórdido engaño llamado "Transición política" no fue más que un mercadeo entre los últimos traidores al régimen de Franco, reconvertidos súbitamente en "demócratas de toda la vida", y las nuevas bandas de aspirantes a repartirse el pastel del Poder.
Según el púlpito prisaico, Neira también alude en su libro a la farsa del actual sistema electoral diciendo que " (...) Si no se trata de elegir al gobierno, el régimen representativo se puede ampliar consecutivamente, como ocurrió en Inglaterra. Con tal presupuesto podrían votar los niños, los animales y las cosas. La realidad sería la misma: el gobierno, fuera del alcance del voto". De momento, ya están permitiendo votar a los inmigrantes, añadiríamos nosotros. También se comentan en el libro algunas otras características de nuestra democracia parlamentaria como la monumental incultura de que hacen gala la mayoría de nuestros políticos profesionales o las concesiones sistemáticas a los partidos separatistas. Obviedades que están provocando las iras de los corifeos progres, lo que siempre es de agradecer.
Jesús Neira es conocido por su gallarda actitud al increpar a un chulo de putas que estaba maltratando a su coima, lo que a punto estuvo de costarle la vida por la brutal agresión que sufrió por parte del macarra. Esta actitud valiente, tan poco frecuente en la amodorrada y pusilánime España actual, le granjeó la simpatía general. Aunque esta popularidad quedase en parte empañada por su aceptación de un cargo público concedido a dedo en una taifa autonómica (la carne es débil).
No obstante, diferencias ideológicas al margen, no deja de ser reconfortante que pese a la feroz inquisición farisaica de lo políticamente correcto, empiecen a oirse voces que digan sin miedo que el Emperador corrupto y granujiento en que se ha convertido el actual régimen va, en realidad, en pelotas.