martes, 18 de mayo de 2010

Ceuta, Melilla y nuestros primos los moros.

Como es habitual cada cierto tiempo, nuestros amables vecinos del Sur vuelven a reclamar la soberanía de dos ciudades españolas sin que nadie piense siquiera en romper las relaciones diplomáticas con el corrupto sultán de Marruecos.
Que la morisma se envalentone ante nuestra debilidad es comprensible. Lo que no es tan comprensible es la colaboración de nuestros políticos en jalear al moro y debilitar a España. Padecemos un superávit de obispos Don Oppas y Condes Don Julian y un espantoso déficit de Pelayos y Rodrigos de Vivar. Hay demasiado paletoprogre empeñado en ponerle la alfombra roja al sarraceno. La Junta de Andalucía por ejemplo, además de regalar 2.500 millones de euros para favorecer la inmigración marroquí, impulsará el árabe como segundo idioma en la ESO. A este paso, igual que en Cataluña es obligatorio rotular en catalán, en Andalucía nos obligarán a hablar en algarabía.
El afán de la secta zapaterina por rebobinar la moviola de la Historia no se limita a querer ganar la Guerra Civil setenta años después, sino que quieren eliminar la Reconquista de un plumazo. No sería de extrañar que la Ley de Memoria Histórica incluya la devolución a Miramamolín de las cadenas de Navarra.
Si los de Marrruecos conociesen de verdad la consistencia del patriotismo de nuestros políticos, no se limitarían a pedir Ceuta y Melilla, sino que, por el mismo precio, podrían reivindicar toda la península. Claro que para eso ya tienen al PRUNE, el partido islamista financiado por Marruecos que proclama sin disimulo su intención de someter España al Islam. Mientras, el Jefe del Estado dice que considera al mojamé su primo. El gilipollas. Aquí los únicos primos somos los españoles, que aplaudimos que haya un millón de moros en España subvencionados generosamente con nuestros impuestos, mientras sus congéneres del exterior afilan las cimitarras. El único consuelo es saber que, si triunfan los islamistas, caretos como los de Leire Pajín o la Vicevega serán piadosamente tapados por el velo islámico.

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