miércoles, 5 de mayo de 2010

La inquisición monflorita.

En Inglaterra han detenido a un predicador por osar recordar que, según la Biblia, la homosexualidad es pecado. Al parecer, el clérigo baptista se encontraba repartiendo material religioso y debatiendo con una mujer sobre la fe. Se le ocurrió decir que cosas como la sodomía, el adulterio o la blasfemia no están muy bien vistas por Dios, la verdad sea dicha. Nunca lo hiciera. Al poco rato, un policía que se identificó como aficionado a las artes traseras, detuvo al predicador por "crear acoso, alarma o angustia". Al no haber cerca ningún blasfemo o adúltero, suponemos que el angustiado fue el poli mariposón. Tras varias horas en un calabozo, el clérigo fue puesto en libertad con la advertencia de que no podía volver a predicar en la calle. Ignoramos si fue cacheado por los mismos policías que le detuvieron.
Noticias como ésta ponen de manifiesto el poder de los lobbys políticamente correctos. Es más importante la angustia de un madero con vocación de drag queen que el derecho a la libertad de expresión de un predicador. Parece que en Inglaterra está empezando a pasar como aquí: la libertad religiosa está quedando como privilegio exclusivo de los moros.
Porque hay que recordarle a los sarasas británicos que también el Corán condena el mariconeo y de una forma bastante más expeditiva que la Biblia. Pero, claro, es que para detener a alguno de los abundantes y fanáticos musulmanes que predican a diario la guerra santa contra el infiel, hay que echarle un par de huevos. Mejor seguir acosando a los cristianos, que es menos peligroso y está mejor visto.

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