jueves, 3 de junio de 2010

La metamorfosis de X. Cuento militar.


Cuando el Teniente General X se despertó una mañana después de un sueño intranquilo se encontró sobre su cama convertido en una rolliza oveja. Asombrado, quiso llamar a su ordenanza, pero de su boca sólo brotó un quejumbroso balido. A pesar de ello, el ordenanza apareció, como de costumbre, con la prensa del día sin mostrar el menor asombro por el insólito aspecto del Teniente General X. Cuando éste baló de nuevo implorando auxilio, el ordenanza se limitó a cuadrarse y se marchó tras dejar los periódicos en una mesita auxiliar.
Pese a la desazón por su nuevo aspecto ovejuno, el Teniente General X, impulsado por la fuerza de la costumbre, echó un vistazo a los titulares. Nada extraordinario. Se habían prohibido los honores militares para el Cristo de la Buena Muerte en Málaga y para el Corpus. Continuaba a buen ritmo la demolición del Valle de los Caídos. El Tribunal Constitucional había dado sus bendiciones al nuevo Estatuto de Cataluña.
Cuando el ordenanza volvió a aparecer con una bandeja de desayuno sospechosamente parecida a un pesebre con alfalfa, el Teniente General X, a quien el sobresalto había abierto el apetito, desayunó abundantemente. Con el estómago lleno, la sensación de desazón por su nuevo aspecto empezó a parecerle soportable.
Al cabo de un rato, el ordenanza volvió y, con gesto impasible, empezó a barrer unas extrañas bolitas oscuras que había sobre la alfombra. El Teniente General X sintió de nuevo una leve inquietud parecida a la vergüenza, pero se le pasó en seguida.

Compartir artículo en fb