martes, 15 de junio de 2010

Nuestros queridos cómicos.

La alegre banda de propagandistas subvencionados, ha vuelto a ganarse su generoso sueldo escenificando el enésimo planfleto guerracivilista. Esta vez se trata de un vídeo en el que los habituales almodóvares, bardemes y demás fauna interpretan a presuntas víctimas del franquismo.
Esta cuadrilla otra cosa no, pero a disciplinados y serviciales no los gana nadie, las cosas como son. Lo mismo sirven para canonizar a un juez corrupto que para justificar la tiranía comunista en Cuba. Ahora toca una de victimismo lacrimógeno, que siempre queda bien y de alguna manera hay que movilizar al electorado que, con esto de la crisis, anda un poco mohíno.
La verdad es que tiene que tener su punto ver a una reinona como Almodóvar interpretar a un bragado militar frentepopulista. Es como si Falete saliese vestido de Che Guevara.
En el fondo, es una pena que la versión progre de la Guerra Civil oculte cosas como las checas, los asesinatos masivos de españoles por el grave delito de no ser marxistas, la persecución religiosa y demás hazañas de los estalinistas "defensores de la libertad". Dado el talante y predisposición de nuestros ilustres intelectuales, creo que esta censura les resta posibilidades de interpretación.
No me negarán que a la vieja bruja Bardem le cuadra mejor el papel de miliciana con pistolón al cinto, estilo Pasionaria o así, que el de inocente víctima de los malvados fascistas. Y está claro que el abuelito Juan Diego se divertiría mucho más violando monjas o dando el tiro de gracia a un falangista, que intentando dar pena, cosa que, por otra parte, consigue sin esfuerzo.
Y las todavía macizas Aitana Sánchez-Gijón o Maribel Verdú como realmente estarían bien sería como alegres propagadoras del amor libre y de la gonorrea en las trincheras rojas, no me digan que no. A Carmen Machi, en cambio, mejor ponerla en otro papel que no exija demasiada exhibición anatómica. Digo yo. Aunque hay gustos para todo.
Lo que siempre se echa de menos en estas instructivas obras de divulgación del credo progre es algún cameo con un protagonista de la Historia. Podrían sacar, por ejemplo, al máximo genocida de la Guerra, Santiago Carrillo, para que nos ilustrase sobre la correcta planificación de un asesinato en masa. Sería un testimonio entrañable que daría además, un barniz de prestigio al sainete. No en vano, se trata de un Doctor Honoris Causa y de uno de los sabios artífices de la Santa Transición que nos permite disfrutar de un régimen tan maravilloso como el actual.
A pesar de estas carencias, hay que agradecer los esfuerzos de nuestros artistas por intentar hacernos olvidar las penalidades de la crisis con obras tan amenas y simpáticas.
Qué haríamos sin nuestros queridos cómicos.

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