jueves, 24 de junio de 2010

Romance de la siesta del rey moro.


Duerme plácido el rey moro
en el yate de un amigo,
cien odaliscas macizas
velan su sueño tranquilo.
A lo lejos las pateras
saludan al rey dormido:
"Descansa, sultán, descansa
que hasta Al-Ándalus partimos,
tierra de perros cristianos
que la vergüenza han perdido.
Y con la ayuda de Alá
y de los progres amigos
en un quita allá esas cruces,
sin despeinar el flequillo,
la antaño temible España
llenaremos de moritos."
Muy bien, vale, pero ahueca
dice el chambelán amigo
¿no ves que Mojamé duerme?
Que Alá arrulle sus ronquidos.
En esas estaban cuando
con estrépito sonido
un helicóptero pasa
y se despierta el morito
-¡Por las barbas del Profeta!
¿de dónde viene este ruido?
-Es un infiel helicóptero
que un fontanero ha traído
hasta el Peñón de Alhucemas
porque se les ha roto un grifo.
- !Malditos perros cristianos!
¡Llama a Zetapé ahora mismo!
-Hijo de cien mil camellas
¿qué es lo que te tengo dicho?
Cuando el rey moro descansa,
el cristiano calladito.
Y que no vuelva yo a ver
ni helicópteros ni ruidos
¿Estamos? Pues ya lo sabes
Muy bien, hasta luego, primo.


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