lunes, 19 de julio de 2010

El espectáculo debe continuar.

Es realmente admirable el empeño de nuestros sabios dirigentes por amenizar nuestras sosas vidas con su interminable ristra de ocurrencias, gracietas y solemnes payasadas. En época de crisis, el género preferido por el público es la comedia. La risa nos hace olvidar momentáneamente los problemas. Sabedores de esto, nuestros políticos intentan hacernos sonreir cada día haciendo de la bufonada su norma de actuación.
Todos recordamos el gesto generoso del Presidente del Gobierno cuando en su viaje a Washington no tuvo inconveniente en disfrazar de mamarrachos a sus propias hijas para diversión de españoles y yanquis. O a la Vicepresidenta bailando un animado ritmo africano junto a las numerosas concubinas de un reyezuelo local.
Ahora es el regordete Ministro de Exteriores el que intenta arrancar unas carcajadas a grandes y pequeños disfrazado de rey mago en su última visita a las tropas españolas que están en Afganistán al servicio de las multinacionales americanas y de la paz internacional. Es lamentable que, a pesar de su empeño, sólo haya conseguido unas forzadas risas de compromiso. Y es que, aunque pone mucho interés, aún no tiene las suficientes tablas para distinguir entre una actuación cómica y la grotesca patochada del ridículo. Hay que ser, sin embargo, benevolentes y confiar en que, con el tiempo y la constancia suficientes, acabe convirtiéndose, como el Presidente Zetapé, en un completo payaso.

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