lunes, 5 de julio de 2010

El orgullo.

Con gran despliegue mediático y jugosas subvenciones municipales, el pasado fin de semana se ha celebrado el tradicional desfile de carrozas en el que gays, lesbianas, transexuales, travestorros y julandrones montan cada año el gran botellón del Orgullo Gay a costa de nuestros impuestos. Lo más curioso ha sido la forma en que algunas cadenas del pesebre televisivo se referian a la kermés del lobby rosa hablando simplemente del "orgullo". La fiesta del orgullo. A secas.

Esta elusiva alusión daba lugar a curiosos diálogos aclaratorios:

-Debe ser el orgullo deportivo -decía algún despistado-, por la victoria de Nadal en Wimbledon y el pase de la Selección de Fútbol a las semifinales del Mundial.

- Se dice la Roja -corregía el inevitable progre.

- Ah, ¿pero la Bardem juega al fútbol?-preguntaba un cachondo.

- No bromeemos con esto que es muy serio -pontificaba un liberado sindical- Orgullo deportivo, vale. Pero sin pasarse. A la gente le ha dado por sacar la bandera al balcón y eso no puede traer nada bueno. Se empieza por celebrar los triunfos de la Selección, digo de la Roja, y se acaba teniendo algún atisbo de dignidad nacional. Como sigamos así, van a acabar estigmatizando a los que vivimos del cuento.

- Dicen que a Montilla le ha dado un sofocón cuando ha visto Barcelona llena de banderas españolas -contaba uno del pesecé-. Por un momento ha llegado a pensar que la gente defendía la Unidad de España contra el Estatuto. Menos mal que era por el fútbol.

- Que no hombre, que no -respondía el más enteradillo- Que no pasa nada. Cuando acabe el Mundial, éstos guardan las banderas y se olvidan de todo. Aquí el único orgullo que queda es el de los maricones.

Compartir artículo en fb