jueves, 22 de julio de 2010

PP y PSOE: la fidelidad a los principios.


"Este partido está en la legalidad mientras la legalidad le permita adquirir lo que necesita, y fuera de la legalidad cuando ella no le permita realizar sus aspiraciones". (Pablo Iglesias, fundador del PSOE)

Es realmente admirable y digna de encomio la fidelidad de los pesoeros a sus principios. La cínica consigna del demagogo ferrolano es seguida a pie juntillas por Zetapé cuando, pasándose por el forro la ya de por sí traidora y vergonzosa sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, promete al renegado cordobés que "restituirá" el Estatuto "por otras vías". Con un par.
Por su parte, Rubalcaba también hace honor a la desvergüenza fundacional cuando, a pesar de negar con sospechosa vehemencia que no volvería a negociar con la ETA, está liberando a los asesinos etarras que presuntamente se han arrepentido. Suponemos que las nuevas claudicaciones ante la banda separatista obedecen, por un lado, a la necesidad de congraciarse con el PNV para que siga sujetando la tambaleante silla zapaterina y, por otro, a vender la previsible "tregua" de los asesinos como una victoria que proporcione algo de oxígeno en las próximas elecciones.
Como era de esperar, el PP, también fiel a la tradicional mojigatería y pusilanimidad de la derecha española, respalda y avala las trapisondas socialistas en el convencimiento de que estándose quietecito gana puntos ante el electorado "centrista". Hace poco vimos cómo Rajoy, en su última intervención parlamentaria, evitaba cuidadosamente cualquier defensa de la unidad nacional y se centraba únicamente en temas económicos.
Y es que, fieles a sus principios, lo único que importa, tanto a la fauna separatista como a la casta partitocrática en su doble vertiente pepera y sociata, es la pasta y conseguir el poder o mantenerse en el mismo a costa de lo que sea. Éste es el auténtico "principio democrático".

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