martes, 21 de septiembre de 2010

Andalucía y la memoria histórica: Que no nos falte de ná.

Como es sabido, Andalucía es, con diferencia, la región más próspera y mejor administrada de España. Este hecho, que en principio debería ser positivo, se está convirtiendo, sin embargo, en un problema para el Gobierno andaluz: en cada reunión, los políticos andaluces acaban devanándose los sesos buscando algúna materia sobre la que legislar.

Es inútil: cualquier ámbito de la realidad social andaluza está tan sabiamente regulado que sobra cualquier nueva disposición: el pleno empleo convierte en superflua cualquier medida que fomente la creación de puestos de trabajo y hace que ayudas sociales como el PER empiecen a ser innecesarias; la práctica ausencia de inmigración conlleva que los índices de delincuencia rocen los mínimos absolutos; la falta absoluta de corrupción ha hecho que la Iglesia se empiece a plantear la canonización de varios concejales, incluso de Urbanismo. La Comunidad andaluza está, en fin, tan sabiamente gobernada que los miembros del ejecutivo regional sufren moralmente por no poder satisfacer su prurito de dedicar su existencia a servir a los ciudadanos de forma prácticamente desinteresada. Se dice que algunos están al borde de la depresión nerviosa.

Afortunadamente, en momentos de apatía y desánimo siempre surge una mente preclara que alumbra con la brillantez de su ingenio el oscuro páramo del desasosiego. Esta vez, la mente ha sido la de Luis Pizarro, Consejero de Gobernación y Justicia que, ante la desesperante ausencia de problemas, ha encontrado por fin un destino sensato al dinero público gestionado por la Junta de Andalucía: Hay que indemnizar todavía más a las mujeres represaliadas por el franquismo. Sabia decisión que se rumorea pueda extenderse a las descendientes de las damnificadas en las Guerras Púnicas, la invasión napoleónica o la Batalla de las Navas de Tolosa.

Una vez más, el ingenio y la imaginación de nuestros preclaros políticos han convertido la Historia en una fuente de riqueza. Qué suerte tenemos.

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