lunes, 13 de septiembre de 2010

La "Diada" en Madrid. La chulería y la necedad por fin juntas.

Como es sabido, todos los años, los separatistas catalanes y sus diversos allegados, tontos útiles y traidorzuelos en general, celebran un aquelarre antiespañol al que han dado en llamar Diada. Se supone que conmemora la rendición de Barcelona ante mercenarios ingleses al servicio del bando borbónico en la Guerra de Sucesión el 11 de Septiembre de 1714.
La relación entre una guerra dinástica del siglo XVIII y las teorías secesionistas que afirman, contra toda evidencia histórica, que la región catalana es una nación, es uno de esos arcanos que sólo la malevolencia y la estupidez consustanciales al separatismo son capaces de desvelar.
Lo más chusco de toda esta farsa es que la ofrenda floral tiene su origen en la que los protoseparatistas decimonónicos hacían en honor de Rafael Casanova, el edil barcelonés que, tras la rendición de la ciudad, quemó los archivos para hacerse pasar por muerto y luego huyó disfrazado de fraile. Al final, tras ser amnistiado por el rey en 1719, ejerció la abogacía hasta su muerte, acaecida en 1743. Todo un héroe, como se ve. En cualquier caso, un digno antecesor de la actual piara de caciques autonómicos.
De todas formas, es más que dudoso que la manada de hijos de puta que cada 11 de Septiembre sale a la calle a quemar banderas de España tenga algún rudimento historiográfico, ni tan siquiera de la versión falsificada por el separatismo. Es lo de menos.
Lo importante es que no tienen a nadie enfrente. Aquellos partidos que, como el Pepé, afirman defender la unidad de España, han venido celebrando con su proverbial gregarismo esta pantomima de la Diada sin rubor alguno. Los pesoeros, por su parte, que se encaramaron al poder aprovechándose del hartazgo de la población ante el adoctrinamiento soberanista de Jordi Pujol y sus secuaces, han resultado más papistas que el Papa. El analfabeto Montilla pretende hacerse perdonar su condición de charnego encabezando una feroz persecución contra cualquier cosa que huela mínimamente a española, empezando por el idioma y terminando por la tauromaquia.
Ahora van a rizar el rizo. En un trágala posiblemente aplaudido por la cuadrilla zapateril, Montilla celebra hoy la diada...¡en Madrid! Y a quien le pique que se rasque. Pocas veces la prepotencia y la chulería han estado tan hermanadas con la estupidez y el papanatismo.
Ya sólo falta que, en la general escenificación de la ignominia, convoquen a sus cabestros paniaguados a una quema de banderas españolas en el Palacio de la Zarzuela. Total, ya sabemos que el monarca seguirá callado y escondido. Así cualquiera.
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