jueves, 7 de octubre de 2010

Don Juan de Austria, un español políticamente incorrecto.

Tal día como hoy hace cuatrocientos treinta y nueve años, lo que hoy llamaríamos una coalición internacional liderada por España, derrotaba a la flota imperial otomana en el Golfo de Lepanto frenando así el agresivo expansionismo turco y privando de apoyo a los piratas berberiscos que infestaban el Mediterráneo.
Al mando de la flota cristiana estaba un joven militar que encarnaba el ideal guerrero del Renacimiento español: atractivo, culto, inteligente, de sangre real y con los cojones en su sitio, Don Juan De Austria se consagró tras su victoria sobre los turcos como un héroe admirado por toda la Cristiandad.
Contemplando el contraste desolador entre su figura y la piara de impresentables que hoy ensucian la vida pública española no sorprende, aunque repugna, el silencio de los medios de comunicación de los diversos pesebres mediáticos sobre el Aniversario de la Victoria de Lepanto.
Es sabido que tanto peperos como pesoeros son tan cuidadosos en ocultar cualquier gloria de nuestro pasado que pudiera ofender la delicada sensibilidad de las minorías políticamente correctas, como en escupir a la cara de las minorías políticamente incorrectas desmantelando monumentos y cambiando callejeros.
Así, cosas como la Victoria de Lepanto o la Reconquista son ocultadas de forma vergonzante para no ofender a la morisma y otros hitos históricos como la expulsión de los judíos en 1492, que liberó la economía castellana del asfixiante parasitismo hebreo, son tergiversados y presentados de una forma negativa para no incomodar al Pueblo Elegido, últimamente tan adulado por los meapilas.
También se manipula el lenguaje hasta extremos ridículos para evitar términos que puedan resultar hirientes para maricones y lesbianas. Y, por supuesto, se evita cualquier palabra que pueda hacer referencia a la Unidad de nuestra Patria para hacerse simpáticos a los separatistas que tan necesarios pueden ser a la hora de formar Gobierno.
Con un panorama así, recordar a Don Juan de Austria en el Aniversario de Lepanto, se convierte en un acto no sólo justo sino más necesario que nunca.

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