viernes, 15 de octubre de 2010

Se acabó la crisis.

Al considerar la gran cantidad de prebendas, subvenciones, ayudas y mamandurrias varias que nuestra casta política reparte generosamente a los inmigrantes y a los múltiples chiringuitos que viven de fomentar la inmigración masiva, es evidente que la crisis ha llegado a su fin y que todos los españoles tienen un empleo digno, una sanidad eficiente y una educación de calidad. Cada vez es más notorio que, debido a nuestra gran pujanza económica, necesitamos mano de obra foránea de forma urgente.
Nuestra ejemplar casta política, consciente de esta necesidad, se esfuerza por atraer a los inmigrantes mediante esta auténtica lluvia de euros, además de exenciones fiscales, y otras ventajas como la prioridad sobre los españoles a la hora de optar a una vivienda protegida o a una plaza gratuita de guardería.
Lamentablemente, cada vez hay más españoles que, sin duda influenciados por elementos desestabilizadores y xenófobos, no comprenden este empeño de todos los partidos parlamentarios por repartir a a manos llenas el dinero público entre la marabunta extranjera.
Estos españoles se suelen acordar cada vez con más frecuencia de los progenitores, conocidos o no, de políticos, oenegeros y demás fauna parasitaria que vive de nuestros impuestos.
Como los poderes públicos no redoblen sus esfuerzos pedagógicos para convencer a los españoles que han perdido su empleo o que no pueden comprarse una vivienda, de que tienen que ser generosos con la fauna foránea, se corre el riesgo de que a alguien se le acaben cruzando los cables y, en un deplorable arrebato de intolerancia, le vuele los cuernos a alguno de los hijos de puta que viven de fomentar la inmigración.

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