lunes, 15 de noviembre de 2010

Defensa del Valle de los Caídos: rezar no es suficiente.

Los miles de españoles que, hartos del sectarismo gubernamental, desafiaron ayer a la lluvia y a la Guardia Civil acudiendo a escuchar Misa al Valle de los Caídos, son, sin duda, un ejemplo de que todavía queda en España gente con los suficientes arrestos para reaccionar contra la prepotencia revanchista de la jauría progre. Los monjes benedictinos, a pesar de sus melindres, por fin se han atrevido a hacer un gesto de resistencia  frente al atropello del nuevo frentepopulismo con esta celebración al aire libre.  Más vale tarde que nunca.
Los que durante muchos años hemos marchado en la noche llevando una corona de laurel a la tumba de José Antonio en el aniversario de su asesinato, no hemos podido dejar de recordar una frase del Discurso Fundacional de la Falange Española: "Nuestro puesto está fuera, bajo la noche clara, arma al brazo y, en lo alto, las estrellas".
En estos tiempos de decadencia garbancera, gestos como el de ayer tienen un eco de hidalga rebeldía  que evoca otras épocas en las que los españoles se vestían por los pies. Esto ha puesto muy nerviosos a los lacayos bienpensantes de las diversas cuadrillas mediáticas, incluyendo a aquellas emisoras derechistas que, desde un fingido patriotismo, intentan rebañar votos del sector patriota para la causa pepera: las habituales interusuras y esradiosanedrines se han apresurado a limitar el alcance del cierre del Valle al simple atentado a la libertad religiosa, obviando la dimensión política de la prohibición zapaterina. Desde estas tribunas de la confusión hemos podido escuchar amargos lamentos por la "inconstitucionalidad" del cierre de la Basílica.
Vamos a ver: el Gobierno, a pesar de su consustancial fobia antirreligiosa, no cierra el Valle por ser Basílica, sino por ser un monumento a la reconcilación nacional tras la Guerra Civil. 
Lo cierra porque allí están enterrados caídos de los dos bandos, lo que choca con su discurso basado en el odio y el rencor interesado por mezquinos cálculos electorales.
Cierran el Valle porque allí está enterrado José Antonio junto a miles de camaradas, ofreciendo el testimonio incómodo de una historia de heroísmo y sacrificio generoso que los propagandistas de la nueva ortodoxia quieren ocultar.
El Gobierno cierra el Valle porque allí está enterrado el militar que, contra todo pronóstico, venció en una guerra contra el comunismo que pretendía convertir a España en una colonia soviética. Es esta Victoria la que pretenden borrar con sus memorias histéricas y sus trágalas prepotentes.
Por eso, ante el cierre del Valle, no bastan las oraciones. A pesar de su hermosura simbólica y de la sana rebeldía en estos tiempos de resignaciones cobardes, los rezos no son suficientes. Un viejo refrán castellano dice, con la sabiduría proverbial del Pueblo: "A Dios rogando y con el mazo dando". Pues eso. 

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