domingo, 7 de noviembre de 2010

El Síndrome de Amnesia Histórica.

Una misteriosa enfermedad se ha extendido entre políticos profesionales, periodistas de pesebre, actores de subvención, escritores a sueldo y demás ejemplares de la variada fauna que puebla el ecosistema partitocrático. Al cursar con síntomas como estupidez colectiva o resentimiento sectario, características frecuentes entre las especies afectadas, ha sido difícil distinguirla como síndrome independiente.

Su consecuencia más llamativa es la compulsión obsesiva por desenterrar muertos, demoler monumentos históricos o recordar tragedias de la Guerra Civil pero, y esto es lo más curioso, sólo de uno de los bandos: Mientras los ejecutados en la zona nacional son sistemáticamente ensalzados como luchadores por la libertad aunque defendiesen el estalinismo, de las decenas de miles de españoles asesinados en la zona roja nada se dice. Esto ha hecho sospechar a reputados científicos que el misterioso síndrome pudiera ser una variante de  la amnesia al que han dado en llamar Síndrome de Amnesia Histórica. 
Se cree que entre sus factores desencadenantes tiene un lugar preeminente la generosidad gubernamental a la hora de subvencionar a las numerosas bandas, peñas y charangas de desenterradores surgidas al amparo de la llamada paradójicamente Ley de Memoria Histórica.
La enfermedad comienza a tener características de epidemia y se extiende con rapidez por centros de enseñanza, salas de cine, emisoras de radio y programas de telebasura (valga la redundancia).
Se cree que el remedio más eficaz para combatir esta pandemia es la administración masiva de información independiente.
En esta línea terapeútica, el vídeo que encabeza estas líneas hace referencia a los más de catorce mil madrileños asesinados entre Noviembre y Diciembre de 1936 en Paracuellos del Jarama por los comunistas y socialistas. El responsable de esta masacre, Santiago Carrillo, ha recibido, como no podía ser menos, numerosos reconocimientos a su labor por parte de los más regios dignatarios de la papanatocracia parlamentaria.
Lamentablemente, al ser la información independiente un bien tan escaso actualmente como la decencia, la honradez o el patriotismo, se teme que la enfermedad continúe extendiéndose.
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