lunes, 29 de noviembre de 2010

Memoria Histórica: el negocio del rencor.

 Al parecer, los recortes de gasto público que nos aconseja la eurocracia para reducir el déficit, no afectan a las mamandurrias y prebendas con las que el tardozapaterismo llena los bolsillos de las diversas cuadrillas de desenterradores del rencor. 

Los herederos del estalinismo siguen recibiendo jugosas subvenciones de dinero público a cambio de mantener encendida la llama de la revancha entre los votantes más sectarios del zapaterismo. Al no encontrar tantas víctimas del franquismo como esperaban, resulta que ahora se dedican a destrozar monumentos.
Es lo malo de creerse las propias mentiras. Si no encontramos el cadáver del miliciano estalinista ejecutado por los nacionales, intentamos borrar cualquier recuerdo de sus víctimas. De alguna manera hay que justificar la subvención. No vaya a ser que pase como cuando se ofrecía pasta a las mujeres  presuntamente ricinadas y peladas al cero por los malvados fascistas, que no apareció ninguna. Así que ahora las cuadrillas subvencionadas complementan su labor desenterradora con la de ocultar cualquier vestigio de los crímenes de sus antecesores ideológicos y así todos contentos. La Historia al gusto del patrocinador.
A esta panda de energúmenos revanchistas nadie le ha informado de lo peligroso que es jugar con los sentimientos de la gente halagando los bajos instintos y azuzando rencores.
Estos vientos de odio que están sembrando hoy a cambio de unas monedas, quizá les obliguen a recoger antes de lo que piensan una cosecha de tempestades.

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