viernes, 12 de noviembre de 2010

Negociación con ETA: las justificaciones postizas.

Hemos llegado a ese punto de degradación en que resulta imposible sorprenderse de las fechorías, trapisondas y enjuagues de ese Patio de Monipodio que constituye la casta política. Sabemos que el más honrado de nuestros políticos parlamentarios no tendría ningún inconveniente en obligar a su madre a prostituirse si con ello obtuviese algún tipo de prebenda o ventaja.
Por eso no sorprende que, demostrando una vez más lo que les importa la Unidad de España, la memoria de las víctimas o el simple sentido de la dignidad, la piara zapaterina vuelva a tirarle los tejos a la banda separatista mientras la piara pepera disimula. No vaya a ser que al final los etarras se rindan de verdad y no esté el Pepé en la foto.
Es curioso comprobar como una panda de mangantes incapaces de tomar una medida acertada para sacarnos de la crisis, desarrolla en cambio la astucia necesaria para urdir engaños y montajes. Uno de los ingredientes más notables de la farsa ha sido sacar a Felipe González del estercolero de la Historia reciente para que, al confesar  de forma implícita que organizó los GAL, se pueda poner en un plano de igualdad al Estado y a la banda separatista: como todos hemos cometido asesinatos, pues, pelillos a la mar y vamos a negociar. 
De todas formas, a pesar de la farisea y moderada indignación de la cúpula pepera ante los supuestos crímenes de Estado, lo cierto es que la mayoría de los españoles nunca vimos mal que, por una vez, los etarras empezaran a conocer el sabor de su propia medicina. Lo que sentó mal fue que el dinero destinado a financiar el contraterrorismo se quedara en los bolsillos de los Veras, Barrionuevos y especímenes similares.
En esa estrategia por poner en el mismo plano a los españoles asesinados y a sus asesinos separatistas, se enmarca también el llamado Día de la Memoria, un pretendido homenaje a las víctimas que es en realidad una mojigata y acomplejada pantomima para justificar vergonzosas claudicaciones.
Viendo el trabajo que se están tomando para relativizar la criminalidad de la ETA, ya no se sabe si las constantes provocaciones a lo que ellos llaman extrema derecha y que no es sino el último resto de dignidad de la sociedad española, obedecen a la habitual y sectaria baba revanchista de la memoria histérica o persiguen algo más. 
Cosas como prohibir la Misa en el Valle de los Caídos, atropello a la libertad religiosa cuyos antecedentes más cercanos hay que situarlos en la época del terror frentepopulista, la profanación de tumbas organizada desde el Gobierno y el resto de trágalas habituales pueden obedecer al deseo de que por fin alguien responda a los provocadores como se merecen y así poder hablar de un terrorismo de "extrema derecha".
Lo más triste de todo esto es constatar que este trabajo de manipulación informativa se lo podrían haber ahorrado: el Pueblo español está tan narcotizado por décadas de papanatocracia parlamentaria que, habiendo perdido todo atisbo de dignidad o coraje, traga con todo: España se ha convertido en un rebaño de cobardes pastoreado por traidores.
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