domingo, 19 de diciembre de 2010

Jamones xenófobos.

Un profesor de Instituto de La Línea de la Concepción ha sido denunciado por un alumno musulmán que se ha sentido ofendido por sus comentarios. Lo curioso del caso es que el profesor no ha puesto en duda la decencia de la madre de Mahoma, ni ha manifestado el menor descontento ante la morisma que infesta nuestras ciudades.
Tampoco ha tenido ninguna palabra de menosprecio para ese país de piojosos y narcotraficantes con el que España tiene la desgracia de limitar al Sur. Ni ha aludido en ningún caso a los terrenos que muchos municipios giliprogres y peperos regalan a la chusma sarracena para que construya sus mezquitas. No, nada de eso.
La falta imperdonable que ha ofendido la delicada sensibilidad del morito ha sido la alusión, por parte del profesor denunciado, a las excelencias del jamón de Trevélez. La familia del sarracenito, indignada ante esta barbaridad, presentó una denuncia contra el profesor por un presunto delito de maltrato de obra con motivaciones xenófobas. Toma ya.
Lo más chocante de esta historia no es la desfachatez de unos indeseables que se aprovechan de las leyes absurdas del país que les da cobijo para, en lugar de adaptarse a nuestras costumbres, imponernos las suyas. Tampoco la desvergüenza de unos políticos que, con su actitud acomplejada y estúpida, han creado el ambiente para que tengan lugar estas astracanadas vergonzosas. 
Lo realmente chocante es que, ante la insolencia del moro, sus compañeros de clase no le hayan recordado que, si tan ofensiva le resulta nuestra gastronomía, lo que debería hacer, junto con el resto de su ofendida familia, y con los miles de sus congéneres que se pasean por nuestra tierra, es irse a tomar el caliente viento del desierto a su país.