jueves, 2 de diciembre de 2010

Janucá, la fiesta de los amos.

 En los últimos años, la nueva inquisición giliberal y/o rojiprogre ha desplegado un celo digno de mejores causas en despojar a la Navidad de cualquier significado religioso o tradicional. Los Reyes Magos han ido siendo marginados poco a poco y sustituidos en la iconografía de estas Fiestas por el obeso monigote consumista inventado por la Coca Cola.
Los adornos de las calles han evitado cuidadosamente cualquier lejano parecido con símbolos religiosos. Las Estrellas de Belén, los Portales o los ángeles han sido proscritos en beneficio de los más esnobistas y horteras diseños de cualquier marica  con los suficientes amigos en el Ayuntamiento de turno. Todo muy laicista y multicultural, o sea.
Sin embargo, como suele ser habitual, hay otra vara de medir cuando se trata de los elegidos de Yahvé. Los mismos políticos que prohíben los villancicos en los colegios o que hacen alarde de su agnosticismo como signo de corrección política, son los que se apresuran a disfrazarse con kipás y demás parafernalia hebraica para besar el culo del rabino correspondiente. Esperanza Aguirre y Gallardón están felices de participar en  ese aquelarre llamado Janucá junto a circuncisos tan distinguidos como el embajador U$A, el del Estado Sionista y demás ejemplares de los diversos sanedrines que tenemos el honor de mantener. Y es que el que manda, manda.
Es curioso el poder de evocación histórica de estas verbenas judaicas. A mí, no sé por qué,  me hacen añorar intensamente el reinado de los Reyes Católicos.
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