miércoles, 8 de diciembre de 2010

Prisión para Pedro Varela. La cínica saña de los innombrables.


"(...)
-¿Lee alguna vez alguno de los libros que quema?
Él se echó a reir.
-¡Está prohibido por la ley!
- ¡Oh! Claro..."
(Ray Bradbury, Fahrenheit 451)

"Quien quiera ser editor, librero o impresor estará obligado a obtener un diploma que, en caso de su poseedor cometer una falta cualquiera, le será retirado inmediatamente. Con tales medidas, la máquina del pensamiento se convertirá en un medio de formación en las manos de nuestros gobiernos."
(Protocolo XII de los Sabios de Sión. Primer Congreso Sionista. Basilea, 1897)

 Como una constatación trágica del cinismo hipócrita inherente al sistema político que padecemos, la misma semana en que el pesebre oficial celebra el aniversario de una Constitución que consagra no sé cuántas libertades y derechos fundamentales, Pedro Varela deberá ingresar en prisión. Su terrible crimen: vender libros no gratos al sanedrín políticamente correcto que ha convertido la propaganda en dogma de fe. 
En el país donde se pueden quemar impunemente banderas nacionales o retratos del Jefe del Estado, un hombre honrado dará con sus huesos en la cárcel por ofender a la farisaica ralea que mueve los hilos de una tramoya indecente.
En el país donde se permite, e incluso se fomenta, la ofensa permanente a la religión mayoritaria de los españoles, una pequeña pero poderosa minoría impone su sectarismo convirtiendo en delito cualquier crítica a sus desmanes y tergiversaciones.
En el país donde se inculca en las escuelas el relativismo más escéptico, se consagra sospechosamente como tabú la mera investigación de un período histórico. Curiosa "verdad incuestionable" la  que necesita el respaldo de la represión y el miedo para afirmar su certeza. 
Encarcelar a Pedro Varela, además de una canallada, es un  escarmiento para evitar  futuras tentaciones de disidencia frente a los infumables dogmas del pensamiento único políticamente correcto.
Y todavía habrá quien nos tome por imbéciles afirmando que en España no hay presos políticos.