domingo, 5 de diciembre de 2010

Wikileaks. Los secretos de Polichinela.

Desde hace unas semanas, diversos medios de comunicación nos bombardean con las escandalosas y  terribles revelaciones de Wikileaks que, al parecer iban a hacer temblar los cimientos  de la primera potencia  y a dinamitar las relaciones con sus satélites europeos.
La histeria  que ha cundido entre nuestros queridos amos yanquis, que se han apresurado a intentar silenciar el portal con la rotundidad reservada a los disidentes más molestos, les ha llevado incluso a azuzar a la Interpol contra Julian Assange, responsable de las  presuntas indiscreciones. 
Ante tanto nerviosismo de nuestros guardianes, cualquiera podría pensar que entre las revelaciones estarían, por ejemplo, las conversaciones de Larry Silverstein con el Primer Ministro de Israel en los días previos al 11-S. O los secretos sobre el asesinato de Kennedy. O los negocios de los Bush con la familia Bin Laden. O el aumento del tráfico de heroína en Afganistán desde la invasión.
Al final, nuestro gozo en un pozo. En lugar de sesudos informes, los famosos  "cables" diplomáticos nos descubren cosas como que a Berlusconi le encantan las fiestas con putas, que Putin es un poco autoritario o que el Gobierno español frena las investigaciones de los crímenes de guerra norteamericanos. Cualquier día de éstos, Wikileaks nos revelará que hay un mar al este de la Península Ibérica llamado Mediterráneo.