miércoles, 26 de enero de 2011

De Durán, Lleida y los pobres hideputados.

Frase antológica del portavoz de CiU cuando le han preguntado si estaba dispuesto a hacer público su patrimonio: "Si la sociedad quiere que aquí vengan simplemente gente que no tenga nada de propiedad y quieren que ésta Cámara al final sea una Cámara de funcionarios y de gente pobre, pues vamos por el mejor de los caminos". Y se ha quedado tan ancho. El cabronazo.
Asombra la desvergüenza de estos mangantes a la hora defender sus prebendas y privilegios. Este club de trileros llamado democracia parlamentaria es lo que tiene. A veces la falta de pudor de sus beneficiarios resulta obscena y ofensiva.
Este pájaro,al igual que sus inmumerables congéneres adscritos a la mamandurria pública, no tiene ningún pudor en reivindicar los privilegios de su podrida casta en una nación en la que en más de un millón de hogares no entra ningún sueldo. Mientras cada vez más españoles se ven obligados a acudir a los comedores de caridad, este tío reivindica que la gentuza como él siga disfrutando de  sueldos, dietas y demás prebendas que superan en un mes lo que muchas familias ingresan en un año.
Cada vez somos más los españoles que nos preguntamos, por ejemplo, por qué un diputado sólo necesita siete años de ejercicio para disfrutar de una pensión mientras que una persona decente necesita treinta y cinco años de cotización.
 O por qué el Congreso dispone, además de escandalosas dietas, de un presupuesto de millones de euros para los innecesarios viajes de esta panda. O por qué no hay un límite legal para las comilonas "de representación" de los políticos. O por qué en España tienen coche oficial hasta los bedeles.
O por qué coño tenemos que sufrir esta tramoya indecente llamada democracia parlamentaria cuyo único fin es mantener a una caterva de mercachifles, estafadores y corruptos incapaz de ganarse la vida de manera honrada.